Artista: Arnaud Rebotini
Álbum: This Is a Quarantine
Label: Blackstrobe Records
Fecha de lanzamiento: 20 marzo 2020
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Asintomático

Lo último de Arnaud Rebotini no puede ser más contemporáneo. Su serie de EPs [This Is a Quarantine] representa uno de los primeros álbumes concebidos, grabados, editados y publicados íntegramente durante la crisis de la Covid-19. Música de la nueva era, fruto de la distopía que nos toca vivir.

La Covid-19 es el centro del universo estos días. Todos hemos experimentado en primera persona lo extraño que resulta, lo traumática que parece, lo inaudita que es. Ha hecho sombra a cualquier otro tema de conversación, acaparando todos los titulares, hasta saturar nuestra capacidad de ordenar los recortes de prensa para reconstruir su historia.

Da la sensación que hubiesen pasado siglos desde aquel instante en que nos mandaron permanecer en casa; pero, si haces un pequeño esfuerzo, te situarás en el contexto adecuado. Esos días, las interminables jornadas de teletrabajo o el cuidado de menores daban igual: de pronto, todo el mundo se había quedado sin tareas que hacer. Nos lanzamos en masa a buscar alternativas que nos mantuvieran ocupados. Entonces se extendieron las clases de cocina online, viralizaron los challenges de deporte doméstico, surgieron los cantantes en los balcones y proliferaron las sesiones de DJ en streaming. De repente, todo el mundo parecía desesperado por reponerse de la distancia social con una generosidad nunca vista y arrimar el hombro para un bienestar común.

Para un músico, el encierro en casa o en el estudio (ambas cosas acaban siendo la misma) no es nada del otro mundo. Que se cancelen sus bolos sí que puede resultarle trágico, pero seguro que el rato que pase enjaulado no se aburrirá. Aunque la angustia y las preocupaciones no sean las mejores musas, el retiro siempre resulta propicio para la creatividad.

Arnaud Rebotini ha mantenido una actividad frenética en plena cuarentena. A los tres días de encierro, el artista francés anunció que se había propuesto lanzar cada viernes de confinamiento un tema nuevo, y logró mantener su promesa. Aunque la cosa llegó aún más lejos. Cada track fue ilustrado por su correspondiente clip, realizado por los creadores Thomas Bernon y Franck Podgusze, con la colaboración del Instituto Nacional del Audiovisual francés, que ha dejado sus archivos históricos a su libre disposición.

Cada tema de [This Is a Quarantine] fue compartido luego con otros artistas para que lo remezclasen. Rebotini tiró de agenda hasta conseguir involucrar a 24 amigos en su proyecto. Finalmente, han participado perfiles tan heterogéneos como Christian Zanesi, Phase Fatale, Leonie Pernet, Fabrizio Rat, Étienne Jaumet, Djedjotronic o Miss Kittin y The Hacker, abordando la idea central desde diversas sensibilidades. Por supuesto, todos ellos han colaborado a distancia. El resultado final es una colección de 8 EPs con casi 3 horas de música trepidante.

Por si toda esta entrega pudiera parecer poca, Rebotini está siendo muy dinámico en las plataformas digitales, adherido a la iniciativa United We Stream, en colaboración con el canal arte, para salvar la escena clubbing de las capitales europeas. O su actuación virtual en la plataforma Shotgun Disdancing, donde atendió las consultas del público por vídeo chat. Casi a diario podemos verlo en directo desde su casa, rodeado de su colección de teclados, con su aspecto de sicario con quien nadie en su sano juicio querría tener deudas.

Como los aplausos desde los balcones, [This Is a Quarantine] rinde homenaje a las profesiones esenciales durante el confinamiento. Esos que han mantenido viva la sociedad para que el resto pudiera permanecer en casa tranquilos, asegurando los suministros esenciales, los servicios básicos, jugándose el tipo en primera línea de riesgo. Desde los reponedores y cajeras de supermercado, pasando por equipos de limpieza, hasta alcanzar a los sanitarios. De todos modos, no nos encantemos con eso, ya que la verdadera debilidad de Rebotini es el ritmo metálico de la factoría, el lado duro y pesado de la cadena de producción.

¿Y a qué suena, en definitiva, la música de los nuevos tiempos? ¿Es acaso una sinfonía melancólica que añora tiempos pasados que no volverán? ¿O es el himno de la lucha en una reconversión industrial, que vocean los obreros al quemar neumáticos en la entrada al polígono? ¿O es la banda sonora de un documental (por cierto, Rebotini las ha compuesto espléndidas, y tiene un Premio Cesar por la música del film «120 Battements Par Minute») sobre un mundo irreconocible que se apaga poco a poco? ¡Pues va a ser que no! Su versión del presente es un trallazo techno para desentumecer los huesos y hacernos saltar agitando los brazos. El vivo deseo de saltar por la ventana y dominar el espacio público. Una inyección de adrenalina para despertarnos de la vida sedentaria e insuflarnos, de nuevo, la esperanza en la interacción social.

Entonces Monsieur Rebotini, ¿quiere usted decir que volveremos a bailar?

Por Emilio Ferrer
@EmilioFerrer

“Ver cómo djs financieramente acomodados hablan estos días de lo preocupados que están ante la posibilidad de convertirse en ‘artistas hambrientos’ es repugnante”.

Está entre los más grandes del techno. Y en más de un sentido. Porque mientras la escena se degradaba progresivamente a lo largo de la última década, él seguía siendo ese dj con principios que pinchaba igual de bien delante de 20 que de 20.000; el que no aceptaba adaptar su música a este o aquel ambiente; el que acaba de pedirle a djs y festivales que devuelvan el dinero de las entradas de los cancelados al público; el que se pregunta en su página de Facebook cuál debe ser la responsabilidad del dj cuando se vuelvan a abrir los clubes, aún bajo la amenaza del coronavirus. A sus 52 años, este inglés exilado en Ámsterdam, el Barón del Techno, que define su actitud ante la vida como punk y anarquista, es un monumento vivo a la integridad. Y al hardcore. De lo mejor que ha dado la electrónica en toda su historia.

Como reacción al confinamiento, muchos djs y productores se han puesto a hacer streamings. ¿Qué opinas sobre estas sesiones solitarias? ¿No crees que devalúan la experiencia?

Hay gente que cree que tiene que ser el centro de atención todo el rato y pierde el norte; están también los que se sienten como si alguien les estuviese arrancando la alfombra bajo sus pies. Y en medio de estas dos actitudes hay muchos otros. ¿Qué consiguen con el streaming? Bueno, deja al descubierto, de entrada, que bastantes Insta djs no tienen ni idea, porque cuando la cámara está cerca ves que todo es un fake, que tocan los controles y no pasa nada. Eso me parece divertido. El streaming también ayuda a determinados artistas a mantenerse en contacto con sus fans. Yo tengo la suerte de conducir unos cuantos programas de radio, uno de ellos semanal y que se oye a través de más de 100 canales, así que creo que ya estoy bastante expuesto… Si yo hago un streaming, detrás debe haber un criterio. Para empezar: ¿tengo una relación con la gente que lo está pidiendo? Segundo: ¿estoy compensando un evento que ha sido cancelado? Y tercero: ¿hay detrás una buena causa?

Siempre te has distinguido por un enorme respeto hacia tu trabajo. Has rechazado actuar en ambientes que no considerabas aceptables para tu música, por ejemplo. ¿Cómo has logrado atravesar tres décadas manteniendo intactos tus principios?

A veces he tomado malas decisiones, pero al menos han sido mías… Tengo un manager, pero sólo para mis discos. En lo que respecta a pinchar soy yo quien decide, y la música está en primer plano, porque no tengo que pagarle una comisión a un manager. Se dice que algunos se llevan hasta un 50% de los honorarios de los artistas, sobre todo de los que empiezan, de manera que esos djs no tienen todo el control sobre su visión artística, por desgracia.

¿El techno es ideología? Djs como Claude Young han salido muy decepcionados tras las grandes expectativas que se crearon en las primeras décadas alrededor del underground como una forma de vivir, de pensar, de colaborar…

El techno ha sido contaminado, el dinero lo ha desfigurado. Los djs de techno verdadero aún están ahí, igual que lo están algunos de los promotores, pero en general se le ha cambiado el packaging por el de una máquina sombría de hacer dinero.

En mi familia, ver el vídeo de ‘What Was Her Name’ (el tema es de 2003) lleva años siendo ritual obligado en cualquier celebración. Es una comunión de techno y punk. ¿Aún crees en esa cara del techno, en su ‘espíritu punk’?

El punk va de cuestionar el status quo, creo que eso es siempre necesario.

Mantienes un contacto muy directo con tus fans a través de Facebook, pero también fuera de la red, como cuando has intentado defenderlos de las intenciones de algunos organizadores de no devolver el dinero de las entradas de festivales cancelados. ¿Es importante no perder nunca la perspectiva de la audiencia?

Lo es, para recordar cuando eras pobre, para no olvidarlo nunca. Para recordar que tú eras público, y cómo te sentías cuando no sabías si te pagarían. Ver cómo algunos artistas financieramente acomodados hablan estos días, en las circunstancias actuales, de lo preocupados que están ante la posibilidad de convertirse en “un artista hambriento” es repugnante.

Creo que aún sigues subiéndote al escenario sin preparar tus sets. ¿Es una cuestión de prurito profesional, sentido del deber hacia el público o una cuestión de puro disfrute?

Simplemente hago lo que hago, la preparación carece de sentido casi siempre, se trata de pinchar como crees que debes hacerlo, sin ningún tipo de obligación.

¿Qué influencia tiene el público en el resultado de un set? ¿Es importante su actitud?

Yo pincho como quiero. Solo eso.

El primer set tuyo que escuché fue uno en The Loft, en Barcelona. Precisamente el 5 de junio tenías que actuar allí. La comunidad techno española siempre te ha recibido con grandes alharacas. ¿Algún club o festival que hayan dejado una marca especial en ti?

Mi affaire amoroso con Barcelona empezó con Nitsa y el Sónar, pero The Loft y Razzmatazz se quedaron grabados en mi corazón y siempre me lo he pasado en grande actuando allí.

Tu último disco como productor es del 2017. ¿Cuál es tu relación con los álbumes una vez que los has acabado? ¿Los reescuchas?

Raramente, me parecería algo rarísimo.

¿‘Respect’ es aún la mejor palabra del diccionario del clubbing?

Sí, pero la mayor parte de los artistas ha perdido el libro.

Por Yiyi Jolie
@JolieYiyi

La 27ª edición de Sónar Barcelona y la 9ª de Sónar+D tendrán lugar los días 17, 18 y 19 de junio de 2021 en los recintos de Fira Montjuïc de Barcelona y Fira Gran Via de L’Hospitalet.

Sónar continúa trabajando en estos momentos con los artistas, ponentes y entidades participantes para reprogramar en 2021 la mayoría de shows y actividades que todos esperábamos disfrutar este año.

Esta semana el festival ha confirmado que contará con uno de los más esperados shows electrónicos de nuestro tiempo: el nuevo directo de The Chemical Brothers.

El mítico dúo británico, formado por Tom Rowlands y Ed Simons, presentará la noche del sábado 19 de junio de 2021 su flamante y espectacular nuevo show audiovisual inmersivo en nuestro país, creado junto a su colaborador habitual Adam Smith. The Chemical Brothers intercalarán sus legendarios hits con los de su último álbum, «No Geography», reconocido unánimemente por la crítica como uno de los más sólidos de toda su carrera. 

El festival recuerda que todos los tipos de entradas de Sónar 2020 son válidos automáticamente para las nuevas fechas de Sónar 2021. 

Muy pronto se anunciarán más detalles de la edición extraordinaria de Sónar+D CCCB, que se celebrará los próximos 18 y 19 de septiembre de 2020 en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), el espacio donde nació y creció el festival.

Sónar+D CCCB será un acontecimiento fundamentalmente on-line, gratuito y abierto a todo el mundo que podría acoger a público presencialmente en función de la evolución de la normativa de aforos.

Continuaremos informando con más novedades de Sónar 2021. 

Dentro de tres semanas –siendo exactos el próximo 12 de junio- verá por fin la luz el nuevo álbum del beatmaker y productor francés The Architect (componente además de los proyectos L’Entourloop y Bloc). El nuevo disco, que cogerá el relevo de aquel “Foundations” de 2013 y algún que otro EP, llevará por título “Une plage sur la lune” (X-Ray Production). Antes de que esto suceda se nos ha desvelado un último avance: “Watch Me Dance”, canción que es todo un abanico de curiosidades.

El sonido propuesto por The Architect es un peregrinaje creativo e impuro a través de los beats, la electrónica, el mestizaje global y otros tantos estilos consolidados como el Hip Hop, Jazz, Electro, Soul o Funk. Nos topamos con un auténtico amante del vinilo. Un adicto a buscar y cazar rarezas. Un auténtico “digger” cuyas armas favoritas desde siempre han sido los tocadiscos. Un campo de recreo ideal para un beatmaker de lo más hiperactivo. Y expresivo. Perfectamente podríamos meterlo en el saco de artistas como DJ Shadow, The Herbaliser, Chinese Man o Cut Chemist.

Con la canción que nos acaba de descubrir, “Watch Me Dance”, el galo evoluciona en un terreno que ha decidido hacer suyo por completo: el sampleo. Un banquete sonoro donde se nos invita a viajar y a bailar. Se trata de una canción bastante desinhibida cuyo pilar es un cachito mágico de la banda de kabyle (rock argelino) de los años 80, Les Abranis. El resultado final es un delicioso revoltijo de hip hop, rock, Chaâbi y electro, todo bien dosificado por este ‘arquitecto’.

Por Hugo Moroder

Autor: Gideon Schwartz
Editorial: Phaidon
Formato: Tapa dura. En inglés.
Tamaño: 270 x 205 mm.
Páginas: 272
Ilustraciones: 300
ISBN: 9780714878089
Todas las imágenes mostradas en este artículo son cortesía de Phaidon

El título ya hace augurar grandes placeres a los fetichistas de los condensadores, las válvulas, los potenciómetros, las cajas de subgraves… ‘Hi-Fi: The History of High-End Audio Design’, firmado por el megaexperto Gideon Schwartz [fundador de la neoyorquina Audioarts y un auténtico activista de la alta fidelidad] y editado en gran formato por Phaidon, es una perla en la era de las baratijas, esta en la que solemos conformarnos para escuchar música con el sonido que sale del móvil, del ordenador o del cutrealtavoz portátil que nos regalaron por navidades.

El libro, de más de 250 páginas, es una pasada tanto desde el punto de vista informativo como desde el gráfico, y no se queda ni mucho menos en la descripción técnica de los equipos [desde el fonógrafo de Thomas Alva Edison hasta los amplis Emitter o los sofisticados altavoces Magico de Alon Wolf de la última década]. También es un recorrido por nuestra relación con la música durante el último siglo, con nuestra forma de apreciarla, disfrutarla y consumirla.

La miríada de imágenes que ilumina las páginas del libro es de otro mundo. O más bien, nos lleva a otro mundo. Ahí están todos los equipos pioneros y los que marcaron la diferencia década tras década, pero también el salón de la casa de Frank Sinatra en Palm Springs fotografiado en 1949, con su estupendo equipo de sonido al fondo; publicidades de los 50 como la del equipo estéreo Sony HP-188 bajo el eslogan “Stereo for the man who has nothing” que prometía ligar a pares de una forma nada sutil, gracias únicamente a tu estéreo; Willi Studer, padre de las míticas Revox, posando junto a una de sus máquinas…

Y del presente, ¿qué? En una de las páginas, al abordar el advenimiento del mp3, Schwartz tira de la predicción realizada en 1977 por el economista francés Jacques Attali, según el cual, en el futuro, “la tecnología podría llegar a diluir de igual manera la expresión musical y su materialización económica en el mercado”. Esos malísimos augurios, dice el autor de ‘Hi-Fi’, “se han hecho más que patentes en asuntos como el intercambio no autorizado de archivos, la piratería y los artistas no compensados por su trabajo”. Sin embargo, añade, el mp3 no ha acabado con la alta fidelidad, sino que durante los últimos años se ha producido un resurgir del interés por los sistemas de sonido analógicos, y empresas como 47 Labs han vivido una auténtica ascensión a los cielos del prestigio en lo que Schwartz denomina “el renacimiento analógico postdigital”. Queda esperanza pues.

Tal vez lo que nos falte, a fin de cuentas, sea un buen latigazo de sonido en alta fidelidad para recordar lo que hemos perdido sin querer queriendo. Preguntado por cuál es la reacción más común de los visitantes de su empresa, Audioarts, cuando escuchan por primera vez lo que se puede conseguir de una alta fidelidad adecuada, el autor de libro responde: “Etérea. Terapéutica. Si eres capaz de olvidarte del teléfono y del mundo actual obsesionado con el chateo, y entrar en el universo complejo y espiritual de Philip Glass, Max Richter o Sarah Vaughan, entonces podrás sintonizar con la premisa que hay detrás del audio de alta gama y su propósito esencial: perderte en la música”.

Por Yiyi Jolie
@JolieYiyi

Si hablamos de cine, no podemos hacerlo solo destacando elementos como pueden ser la dirección, el guion o el elenco. El cine es pura emoción; es sorpresa, miedo, alegría, tristeza… Y hay que destacar un componente fundamental en la producción de un film: su música.

La banda sonora puede influir en nuestros sentimientos y emociones. Ambientar la historia en determinados momentos, a través del tiempo o del espacio, o darle identidad a un personaje, sin olvidarnos de la importancia del silencio. Es una herramienta psicológica que enfatiza la imagen para abordar la sensibilidad del espectador. En definitiva, la banda sonora es el broche de oro en una producción cinematográfica. Es trabajo del compositor dar carácter, y es trabajo del compositor llevarla a cabo.

He bautizado esta playlist con el nombre de “Cinematic Emotion”, en la que he hecho una selección de las bandas sonoras más influyentes en el transcurso de mi vida hasta la fecha, ordenadas cronológicamente. En ella no solo encontraremos los temas principales de una banda sonora; escucharemos piezas que sirven a modo de prólogo, leitmotiv, clímax o epílogo. Emociones en forma de música.

Por Adrián Gázquez (Omega dB)

“Lo de los festivales en Instagram me suena horrible”

Escribe Javier Blánquez en su mítico libro ‘Loops’ al hablar de los 90 y respecto al colectivo No Future, donde brillaban entre otros nombres como los de Cristian Vogel y el de mi entrevistado, el escocés Dave Tarrida, que todo lo que se facturaba bajo esa marca implicaba “unas reglas siempre destructoras (…), masacrar la pista de baile con bombos que no respetan el cuatro por cuatro ni la salud del público, jugar con el hip hop y la frecuencias dañinas y pervertir los esquemas una y otra vez”.

Han pasado casi tres décadas desde entonces, y Dave Tarrida sigue pergeñando atronadores bombos y los sonidos sintéticos más ácidos de la paleta del techno. Hablamos con él mientras anda embarcado en el proyecto musical ‘Save Drec!’ (Drec), y tras la publicación de su último EP, ‘Tormentor’ (Riot Radio). En ambos deja patente que el tiempo habrá pasado lo que tú quieras, pero los beats y las frecuencias dañinas, no.

¿Volveremos a bailar, Dave?

(Jaja) Sí, creo que sí, es sólo cuestión de tiempo. Aunque puede que las cosas tarden en volver a ser como antes.


Tu último proyecto es ‘Save Drec!’, una serie de tracks que se distribuyen de manera totalmente gratuita con el objetivo confeso de “apoyar la escena musical electrónica”. ¿De qué va exactamente?

Drec es un sello nuevo del este de Alemania que publica un techno realmente bueno. Habíamos llegado al acuerdo de lanzar un vinilo con esos tracks en algún momento del próximo verano, pero cuando el coronavirus nos golpeó, decidimos sacar los temas gratis para obtener algo de relevancia para el sello. Puede que en algún momento salgan en vinilo. Ya veremos.

Eres superprolífico. ¿Cuántos tracks van a salir de tu estudio en lo que dure la crisis del coronavirus?

Tengo un montón de música nueva. La crisis ha estado bien en lo que respecta a al tiempo que pasas en el estudio. Pronto tendré un nuevo álbum, aunque no sé exactamente cuándo. Se llamará ‘Glasgow Kiss’ y lo publicará el sello berlinés Varvet Records. Tengo otro EP titulado ‘There Is No Plan B’ que saldrá más tarde, en Mindcut Records.

‘Tormentor’ se lanzó en marzo. Cinco temas que son otras tantas lecciones de techno demoledor. ¿De dónde salen esos beats? ¿De qué máquina esos kicks?

El disco lo ha publicado el sello escocés Riot Radio. Conozco al propietario desde principios de los 90. Me gusta trabajar con gente que conozco desde los ‘viejos tiempos’. Hay un sonido muy específico que le gusta para su sello, así que me llevó un tiempo recopilar los cinco tracks que se adaptaran a lo que él quería. Los beats salieron de algún sitio de mi cabeza, no estoy seguro exactamente de dónde (jajaja). La mayor parte se hicieron superponiendo diferentes kicks analógicos de mi Elektron Rytm

Tu sonido también se mantiene fiel a lo acid. ¿Lo ácido es la dosis de diversión que completa al techno?

Siempre me ha encantado el sonido ácido. Los 303 [se refiere a los sintetizadores Roland TB-303] han tenido un lugar central en el sonido techno desde muy al principio por algo. Sencillamente, hay algo especial que funciona perfectamente con ese sonido ácido. Para mí, nunca envejece.

¿Algún tema de techno te ha impresionado últimamente por su poderío?

Sí, claro. Siempre habrá productores innovadores tratando de romper los límites establecidos de cada momento. No me viene a la cabeza ahora ningún tema concreto, pero muy a menudo, cuando escucho música en un club, hay temas que me impresionan.

Graves asesinos, percusiones rompeparedes… ¿Se puede ir más allá en el sonido o hemos tocado techo en lo que respecta a la potencia de las bases de techno?

Difícil cuestión. Probablemente hemos ido tan lejos como es posible con lo que tenemos ahora. Pero es posible que novedades tecnológicas nos lleven más allá en un futuro.

¿El tema de techno más brutal que has escuchado nunca?

Cuando oí por primera vez ‘We Have Arrived’, de Mescalinum United [Planet Core Productions, 1990. Muchos lo consideran el primer track de hardcore techno de la historia], pensé que era la cosa más brutal que había escuchado nunca. Ahora no suena tan demencial…, pero cuando salió, ¡parecía que era de otro mundo!

No es lo que sucede ahora, cuando se le critica al techno su inmovilidad. ¿Tiene sentido esa crítica o está nuestra cultura demasiado preocupada por la novedad?

Es cierto que en la escena actual, todo lo que escuchas parece que ya lo has oído antes, así que es difícil destacar. Creo que el mayor problema es que gran parte de los productores sólo hacen copias de lo que creen que está de moda, en vez de hacer la música que realmente quieren hacer.

Creo que vives ahora en Viena. ¿Hay una escena interesante?

Pues no, no es la mejor escena techno que digamos. Los clubes están más orientados al sonido comercial que al underground.

¿Y como sitio para vivir? De hecho, ¿me lo recomiendas? Estoy empezando a pensar en abandonar este país si encuentro algún sitio más divertido que este.

Sí, es buen sitio para vivir, muy bonito, con mucha historia. Mi mujer es austríaca y está claro que es un lugar estupendo para que crezca nuestro hijo. Eso sí: mis años en España fueron algunos de los más especiales de mi vida. Creo que su calidad de vida es perfecta para mí. Considero volver algún día


¿Hay algo que eches de menos del pasado, o el pasado da asquete?

Sí, echo de menos un montón de cosas. Es difícil explicar cómo era todo cuando empezó en los 90. Uno de las mejores cosas era la sensación de estar implicado en algo nuevo de verdad, algo que nadie había hecho. Casi 30 años más tarde todo te suena como si ya lo hubieses oído antes. ¡Pero eso no hace que me guste menos!

¿Y qué me dices del futuro? Personalmente los festivales en Instagram me parecen una mierda, y si eso es el futuro…

Bueno, tendremos que esperar hasta que volvamos a una especie de normalidad postcoronavirus. En pocos años habremos olvidado lo que ha pasado estos meses. Lo de los festivales de Instagram me suena horrible, sí.

Dave, eres una leyenda. Y necesito preguntarte esto sí o sí: ¿serlo te proporciona alguna sensación especial? Lo digo porque yo, por ejemplo, sí que siento una sensación especial ahora que estoy entrevistando a una leyenda…

¡Ja, ja, ja! Yo no me veo a mí mismo como una leyenda… Es sólo que he estado metido en el techno durante muchísimo tiempo. Pero eso no me hace sentir especial, sólo es algo que hago porque me encanta.

Por Yiyi Jolie
@JolieYiyi

Artista: Grischa Lichtenberger
Album: Kamilhan; il y a péril en la demeure
Label: raster – artistic platform
Fecha de lanzamiento: 8 de mayo 2020
Formato: CD / Vinilo doble limitado, serigrafía firmada a mano incluida.

Este disco es la conclusión de un ciclo de 5 partes del artista Grischa Lichtenberger que se inició con el álbum «LA DEMEURE; il y a péril en la demeure» en 2015 y continuó con el EP de 3 partes «Spielraum, Allgegenwart, Strahlung» en 2016.

En contraste con la primera parte de la serie, que trató de la intimidad de lo privado (la residencia, la demeure), Lichtenberger ahora se centra en la frase «il y a péril en la demeure». Esta frase se traduce literalmente como «existe un peligro en la residencia» (la demeure) o «el peligro es persistente, permanece» (demeurer). Lichtenberger está interesado en esta ambigüedad en relación con una metáfora del arte:

«De alguna manera, uno podría describir el arte como una condición patológica para aferrarse a un defecto comunicativo. A este respecto, el álbum trata sobre una crisis, sobre la imposibilidad de expresar lo indescriptible y, en su lugar, atarlo secretamente en un hilo paralelo que profundiza el relación con lo imposible».

Para Lichtenberger, el significado legal de la frase «il ya péril en la demeure» (en alemán «Gefahr im Verzug», en inglés «peligro inminente») describe una situación en la que una persona o autoridad se entromete en un espacio privado que está particularmente protegido contra el acceso para prevenir el peligro o asegurar la evidencia. Lichtenberger escribe: «En el arte, el público es algo que quizás podría describirse en términos legales como una transgresión legítima de responsabilidad: asegura y mantiene lo que se perdería porque el artista se ha enredado en él».

Esta ambivalencia está materializada estéticamente por material musical que, por un lado, parece medio salvaje y subversivo y por otro lado es estridente y alentador. La atención se centra en las canciones con voces generadas por computadora que cantan en un idioma incomprensible y fragmentado a partir de sílabas en inglés y vuelto a ensamblar en canciones pop crípticas. Lichtenberger las llama «baladas torcidas».

«En cierto modo, las pistas en ‘KAMILHAN; il ya péril en la demeure’ se entienden mejor como baladas torcidas. Son canciones que se atan intencionalmente a una repetición simbólica de estructuras clásicas de canciones pop. Buscan pasar de contrabando a los torcidos a las torcidas. Común y viceversa contrabandean la esperanza de reconocimiento y transferencia hacia lo torcido».

Independientemente de las reflexiones excesivas que son típicas de Lichtenberger, este álbum también logra llegar emocionalmente al oyente, con intimidad y sinceridad. «KAMILHAN; il y a péril en la demeure» se presentó como parte de raster. electric campfire en 2019.

Escucha el álbum en Spotify.

Artista: Niet!
Álbum: Humillación
Label: HyperSunday Records
Fecha de lanzamiento: 7 de mayo 2020

Zona de exclusión

Siempre he admirado el arte, con enorme respeto. Me parece una forma sublime de la creatividad, algo así como una virtud en los humanos heredada de los dioses. Aunque no todas las obras maestras que observo me despiertan esa sensación -que es subjetiva e impredecible-, como no todas las cosas que me emocionan conmueven a los demás.

La etiqueta de artista es una convención social, una guirnalda que el jurado de la industria de la cultura da a determinadas personas, facilitándoles dedicarse a crear obras a tiempo completo. “Persigue tus sueños” o “escucha a tu corazón” son consejos frecuentes en boca de artistas que sufrieron para alcanzar ese status y ahora fingen renegar de la fama. Puedes estar convencido de tu talento, creer en él incondicionalmente, pero eso no basta. Tu fe ciega no te garantiza el reconocimiento de los otros. Necesitas también ser obstinado, porque solo la tenacidad te permitirá atravesar ese muro de piedra con tu cuerpo.

Siempre he admirado la motivación de la creatividad genuina, que impulsa a la gente a buscar formas de expresión no convencionales, a bailar con los ojos cerrados, a componer en silencio, a producir artefactos únicos y personales, contra todo pronóstico, sin esperar otra recompensa que la fortuita conexión con alguien de sensibilidad similar, la ilusión de una persona desconocida a quien tocarle la fibra, con quien compadecerse, para apagar juntos la sensación de mutua soledad. Pienso en poetas malditos que no pueden parar de escribir, aun ahogados por el desánimo, guiados por una tenue corazonada de felicidad.

Niet! no es solo una artista auténtica -aunque alguna vez ella misma lo haya puesto en duda, como un explorador que, en un ataque de modestia, se considerara un simple turista-, también es una estrella por descubrir. En «Humillación», su tercer disco, se desnuda de una forma sin precedentes, con la mirada existencialista de quien todavía se pregunta cuál es su lugar en el mundo.

Enriquecer las melodías crudas con contenidos profundos tiene doble mérito, ya que los músicos no suelen ponerse a filosofar con las manos extendidas sobre el teclado de un sintetizador. Pese a todo esto, no es un álbum autobiográfico. No se recrea en recuerdos, sino en percepciones y sensibilidades, con un punto reflexivo, a mitad camino entre el desconcierto y la autoafirmación.

En los temas de “Humillación” la parte lírica gana protagonismo, es más significativa y menos ornamental. Cantar en su lengua materna -Niet! lo hace por primera vez- le permite perfilar las ideas con más definición, usando una línea sensible, ahora fina, ahora gruesa, trazada con la agilidad de un calígrafo japonés. Como una juguetona voz interior -canta, susurra, declama- que improvisa un monólogo introspectivo, Niet! divaga entre los sonidos atmosféricos, ensimismados, saltando de un pensamiento a otro, sin garantías de ser comprendidos o respaldados.

La belleza cotidiana de este disco es honesta. Tan oportuna, tan a tiempo, que puede hacerte creer llevar siglos esperándolo, como cuando te cruzas con una cara familiar en la multitud y ambos os miráis con reconocimiento.

Por Emilio Ferrer.

“El silencio es el nuevo idioma del desprecio”

Hoy publica su tercer disco bajo este nombre artístico ambiguo que significa “no” en ruso y ‘remache’ en alemán y que además lleva una exclamación al final, lo cual hace prácticamente imposible encontrarla en Spotify (si lo intentas, mejor búscala por el título de sus discos). Lo que no es nada ambiguo es el nombre del álbum (9 temas, 51 minutos), ‘Humillación’, que así de entrada no hace augurar precisamente una ‘happy party’. Hablamos con la productora tangerina sobre el disco, el ego que la parió y la rabia que atesora.

Has puesto tu ego a trabajar y le han salido ocho temas y una intro barroca. Debes tenerlo bien alimentado…

Jaja, se ve que sí. A un creador le pagas (si es que le pagas) para que su ego trabaje por ti. Si un tema musical te emociona es porque sientes que habla de ti, porque toca una tecla en tu interior, ¿no?

El disco es oscuro, melancólico a veces, otras se gasta una electrónica más agresiva.

Me propuse que cada tema evocara un estado de ánimo o un sentimiento. ‘Humillación’, por ejemplo, es un tema que empieza como un vals y acaba como… una taquicardia. Intentaba ponerle música a un sentimiento complejo.

Humillación es una palabra muy fuerte…

Hace poco estaba con unos amigos en un bar (qué tiempos) y hablábamos de eso. Decían que nunca se habían sentido humillados. Yo me alegré mucho por ellos. Pero yo sí la he vivido, más veces de las que quisiera.

¿Me puedes poner un ejemplo?

¿Nunca has tenido que callarte, incluso poner buena cara, mientras una persona te estaba machacando? ¿Nunca has sentido esa injusticia y una furia enorme interior que tienes que tragarte, disimular, porque te aterroriza el daño que te puede hacer esa persona que tiene algún tipo de poder sobre ti?

Lo pensaré. Hablemos del tema más desconcertante del disco: ‘Memoria’, una lista de la compra.

A veces, en las cosas más pequeñas están los mensajes más poderosos. El tema va sobre la pérdida de la memoria, un asunto que me produce pavor. Hasta fui al neurólogo hace un año. Me dijo que no tenía Alzheimer, sino un problema de atención.

¿Compraste las cuatro cosas de las que habla el tema: ajos, tofu, setas y brécol?

¡Sí! Y en cuanto llegué a casa empecé a hacer el tema, del que por cierto, también hay un vídeo.

En mi opinión, ‘el tema’ del disco es ‘Vértigo’…

Fue el primero que salió, cuando, sinceramente, creía que no iba a volver a hacer música. Me dio el impulso. También me dio la pauta del disco: quedarme con los sonidos más NIET!, con la rítmica y la atmósfera que considero más propias.

Tú haces, sobre todo, una especie de dark synth pop, aunque te salgas muchas veces de los límites convencionales… ¿Qué influencias -¿a que estabas esperando esta pregunta?- hay detrás de tu sonido?

Ni idea. Yo en realidad quería hacer hard techno cuando empecé, ha sido mi estilo de música predilecto durante años y años. Pero por lo que sea, no era mi camino. Además, no tengo muy claro que lo que escuchas te influya. Lo que escuchas te gusta. A veces intentas emularlo, pero normalmente fracasas en el intento.

¿Y ahora qué? Sacas el disco en plena ‘desescalada’ del coronavirus.

Suelo pasar por una fase de subidón seguida de una de honda decepción, luego le cuento a todo el mundo que voy a dejar la música para siempre, ellos no me creen y… vuelta a empezar. Una vez tuve un novio productor que decía que el problema de la música electrónica es que todos los que la escuchan hacen música electrónica. Lo que significa que el círculo es muy pequeño. Llegar a la gente que no hace música es muy complicado si no tienes medios suficientes. El otro día leí un reportaje muy interesante sobre cuánto costaba poner un disco de Rihanna en el mercado y convertirlo en un hit. Millones, claro. El día del lanzamiento, por ejemplo, es crítico saturar todos los canales (televisiones, radios, redes sociales, revistas…) para que no haya nadie que no se entere de que Rihanna ha sacado un disco y lo escuche. Justo lo que voy a hacer yo, vamos.

¿Tú eres fan de alguien?

Claro. De un montón de gente. Me chifla Apparat, me encanta Sevdaliza, siento debilidad por FKA Twigs (antes más, eso es cierto), hay cosas de Jon Hopkins que casi me hacen llorar, soy incondicional de Massive Attack y sigo a Perfume Genius, Nicolas Jaar, Thom Yorke, Nick Hakim, Sohn, Omega dB, Suuns, Yaeji, Two Feet…

¿El periodismo musical sirve hoy para algo?

Yo le debo mucho a algunos periodistas. Y no me refiero a la promoción. Me refiero a mi autoestima, a recibir un feedback de personas que escuchan música cada día y me transmiten que lo que hago merece la pena. Gracias a ellos, en gran medida, sigo haciendo música. Porque si llega a ser por otros que ni siquiera se dignan a escuchar lo que haces… La crítica negativa desapareció y en su lugar apareció el silencio, que hoy es el idioma del desprecio. Hay una cosa que no he logrado entender en todos estos años. En España, ¿cuántos lanzamientos de música electrónica hay al año? ¿Cien? ¿Doscientos? ¿En serio las revistas digitales ESPECIALIZADAS EN MÚSICA ELECTRÓNICA no tienen ‘espacio’ para dedicar unas líneas a todos los nuevos lanzamientos que salen de aquí, de este país? Estoy con lo que decía Cora Novoa el otro día en tu entrevista, el desprecio de este país por el talento propio es increíble…

Mmmmh, no sé, no sé… Igual si tú te haces famosísima te pones en plan borde y no concedes entrevistas. Ahora que está tan de moda ser un medio feminista y tal…

No lo veo, jaja. Hace unos años me enteré de que había un club en Madrid donde funcionaba un colectivo que se apellidaba ‘electronic music by women’. Les escribí, les mandé mi trabajo para que me tuvieran en cuenta y pasaron 15 días o más y no recibí respuesta. Así que decidí hacer un experimento. Como también soy periodista les escribí un email desde mi email periodístico con una sencilla pregunta: “Me gustaría saber si esta dirección vuestra sigue operativo”. ¿Sabes cuánto tardaron en responderme? Cinco minutos. Se dieron cuenta de mi primer mensaje y me dijeron que se les había traspapelado. La verdad es que a mí me dio mucha vergüenza ajena y no volví a ponerme en contacto.

Un poco rencorosa, ¿no?

Lo soy. Hay reivindicar el rencor. Y la venganza. Y el perdón. Y la pasión. Basta ya de este bienquedismo y este asqueroso silencio, por favor.

Por Yiyi Jolie
@JolieYiyi

Artista: Bufi
EP: Ópala
Label: Depaart
Fecha de lanzamiento: 8 de mayo 2020
Formato: EP / Digital

La fama que persigue a una ciudad tan densamente poblada como Ciudad de México es, como poco, inquietante. Eso que estamos ante una de las urbes más poderosas de toda la América latina y, como bien sabremos, con una conexión constante con el país vecino Estados Unidos. Es curioso, por todo esto, que el batallador Mateo González aka Bufi (aka Theus Mago) haya decidido volcar en su nuevo lanzamiento discográfico uno de los géneros que más le apasionan, el Afro Beat con tendencia funk norteamericana y esa otra conexión tan particular suya, por la tradición cultural de sus antepasados.

Sonidos enigmáticos, bailables que también profundamente analógicos encontraremos en “Ópala”: un EP compuesto por tres originales (“Guoyoro” y “Cántaro”, además del que presta su título al disco) y una remezcla por una pareja tan vacilona como Fran Zaragoza y Guille (Easy Kid), esto es, Depaart. En definitiva, neo funk y electrónica de altos vuelos, donde no falta un notable germen étnico y el temperamento de los sonidos robóticos, noir-disco y early house. Todos ellos se mezclan sabiamente, a la vez que enriquecen cada corte del lanzamiento que, por cierto, verá la luz este próximo viernes 8 de mayo.

No nos marchamos sin apuntar antes que “Ópala” significará el resurgir de Depaart como sello discográfico. Apuntando más alto si cabe que hace unos años, apostando, como podremos ver en los próximos meses, por artistas de talante internacional. Hasta ahí nos dejan contar… Bueno sí, una cosa más, que tiene que ver con la faceta fiestera y promotora de Depaart. Como os podréis imaginar, por el dichoso bicho, los chicos tienen todos los bolos en suspenso, así como las dos fiestas que suelen hacer para liarla parda en Madrid: Fluido y Tortilla. Aunque son jornadas duras, con la sangre y el vibe que corre por ellos estamos seguros que cuando se pueda regresar, darán el mordisco para hacerlo a lo grande.

Por Hugo Moroder