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Portada del álbum "Magdalene" de FKA twigs.

La dura caricia

Sentimos debilidad por los artistas incatalogables, esos que forman universos propios, con sus propias estrellas, que nos alumbran en la oscuridad del espacio desconocido al que nos conducen.

FKA twigs pertenece a esta estirpe de rara avis. Una visión tan hermosa, tan extraordinaria y controvertida que no sabemos qué hacer con ella. Cuando en 2014 irrumpió en la escena internacional con su primer álbum, “LP1”, nos dejó tan deslumbrados que decidimos interpretar nuestro entusiasmo como una percepción sobrevalorada. ¿Cómo pronunciarse ante algo tan pretencioso e insostenible?

Cinco años después de aquello, “Magdalene” no pincha la burbuja en absoluto, al contrario, la amplía, la emperifolla y la afianza. Parte del mérito puede corresponderle a Nicolas Jaar, productor de cinco de los nueve temas del álbum, que ha sabido poner su sensibilidad al servicio del proyecto sin dejar una huella evidente. No así Skrillex, productor de otras dos pistas, que sí se deja notar.

Como muchas otras grandes obras, esta música es fruto del dolor. “El proceso de crear este álbum me ha permitido por primera vez, y de la manera más real, encontrar compasión cuando me encontraba en mi momento más ingrato, confuso y fracturado”.

La violenta belleza de este disco es insoportable. “Magdalene” es un castillo plagado de cámaras y pasadizos, un misterio interminable, imposible de resolver. Da igual las veces que lo escuches, cada vez aparecen estancias nuevas, torres nuevas, explanadas escondidas, jardines y más jardines, hasta dejarte sin aliento. .

En “Magdalene” la música es aglutinada por la voz, y no al revés. La exuberancia de matices vocales, de un colorido inabarcable, cose y aprieta las incontables capas de preciosos arreglos, sobre el lienzo blanco de la melodía que le da soporte. El resultado es una filigrana dramática, donde conviven Bella y Bestia, sin sensación de conflicto. Hechas un ovillo, la ternura y la virtud duermen acostadas con el miedo y el espanto. Hermosos narcisos florecen, crecen como árboles, para volverse a mirar al suelo y relamerse sus estambres de plantas carnívoras.

Artista: Darkside
Album: Psychic
Label: Other People

¡Cuidado, fuego!

Por suerte, estas incidencias hacen lo ordinario extraordinario. Si no fuera por ellas, nos moriríamos de aburrimiento. La fatalidad tiene un lado irónicamente bello. Todo incendio empieza por una chispa.

Todo descuido es fruto de un olvido y todo olvido es fruto de una distracción. Un roce inadvertido o una descarga minúscula, como un pensamiento fugaz, y pronto no tendrás escapatoria. Suele empezar en la cocina, pero puede darse en cualquier sitio donde se haya doblado el ordenado y plácido espacio-tiempo en un nudo de infortunio. Hay momentos especiales que aparecen registrados en los libros de Historia, que marcan un antes y un después en las biografía de los héroes. Tañe su lira Nerón.

Si hay materia fungible, todo incendio se propaga con una voracidad desconcertante. Nos quedamos embobados viendo crecer las llamas. Trepan por las cortinas y lamen las vigas de madera como lenguas de dragón. Antes de sentir pánico, sentimos admiración. Una fascinación fatal que nos petrifica como estatuas de sal. El fuego es un crepitar sabroso. Resulta cálidamente hipnótico, hasta que es demasiado tarde.

Desde Space Is Only Noise, Nicolas Jaar es reverenciado con toda justicia. El factor sorpresa que nos dejó atónitos entonces, ahora junto a su guitarrista Dave Harrington, ha madurado en una confirmación. Psychic nos engulle en una tridimensionalidad del sonido que se dilata en el espacio. El tiempo transcurre en otra escala a lo largo de sus ¾ de hora. Pasa de notas sostenidas a melodías sorpresivas que brotan y desaparecen. A veces te dan apoyo para sentir el peso del cuerpo y a veces te dejan caer. La voz de Jaar es abrasada, incendiaria y sensual; y la guitarra de Harrington, magma.

El fuego pasa de casa en casa calle arriba hacia el bosque. Agota el oxígeno de las habitaciones y prende el aire en nubes de luz dorada. Las paredes crujen y crepitan en una chisporroteo adormecedor. El calor funde los cristales y produce viento en la escalera. El cerebro se quema dulcemente por el oído y se consume gozoso sin oponer resistencia.

www.darksideusa.com

Artista: Nicolas Jaar
Album: Space is only noise
Label: Circus Company

Música en el Badeschiff SPA

Te estaba esperando, pero ya sabes que nunca llegas tarde. Mantén los ojos cerrados tras tus gafas de sol. Es deliciosa la luz de junio. Es deliciosa la brisa tibia. Bienvenida a la playa artificial.

Un pulverizador de protector ultravioleta, con metacaroteno, y una copa sin alcohol. No hay prisa en disfrutar el hedonismo de una tarde soleada en la terraza del hotel. Piscina desbordante con vistas a la ciudad. Desbordante. Suelo de teca. Albornoz de lino. Sandalias de cáñamo Muji. Déjate llevar. Acomódate en la chaise longue.

¿Qué has hecho esta mañana? ¿Has visto algo que te gustara en las boutiques? Mejor no contestes. Podríamos filosofar sobre la vida, pero no nos esforcemos en hablar. Como mucho, un susurro tarareando el hilo musical. Tal vez luego metamos los pies en el agua o demos unas brazadas. Tal vez buceemos rozando el fondo de gresite. No hay ni una nube, ni un grano de arena en la tumbona que se pegue entre los dedos, ni una conversación frívola cerca. Nada que ensombrezca la suave percepción de ensimismamiento y bienestar sobre la piel. He apagado el iPhone desde aquel inoportuno mensaje. He apagado mi propia voz interior.

Relájate. Ni siquiera necesitas pensar en algo placentero. No necesitas pensar. Es tan dulce hacer el vago que da pereza elegir. Optativo shiatsu cervical. Aromaterapia de coco. Lavanda. Tontos aceites esenciales. Nada es esencial. Extiende tu mente sobre la incomparable suavidad de una toalla nueva recién planchada. Tal vez luego te apetezca salir a bailar.

¿Quieres tomar algo? No es molestia.

www.nicolasjaar.net