“Al principio, la creación me hacía sufrir mucho. Era un sufrimiento extremo”
De su último disco, el autoeditado ‘Porvenir’, la crítica musical que aún sobrevive apostó que podía ser el mejor álbum del año. Y es que es soberbio. Lo que hace Sole Parody es un trabajo de una compleja originalidad, donde constantemente pone a prueba la mezcla de electrónica exquisita y voces enraizadas en el folclore. Ella ha logrado que semejante matrimonio funcione y emocione, te guste o no la música de raíz. Hablamos con esta artista total, que también es fotógrafa y por supuesto poeta, sobre producción y procesos creativos (felicidad y dolor incluidos).
Lo primero: ¿cómo estás? ¿Dónde te pilló el ‘estallido’ y cómo has llevado el confinamiento? ¿Ha sido inspirador o desesperante?
Me pilló en casa, en Madrid. El confinamiento ha tenido de todo, pero en general ha sido un viajazo interior… He estado bastante improductiva, en el mejor sentido. Parálisis por fuera y gran movimiento por dentro. Supongo que entre inspirador o desesperante, inspirador, pero una inspiración con delay, que probablemente note más adelante.
Tu último disco es de 2019, ‘Porvenir’, justo hace un año. ¿Estabas trabajando en nuevo material? ¿Hay disco de Le Parody a la vista?
¡Qué va! Yo soy muy lenta para sacar algo nuevo. Y siento que ‘Porvenir’ apenas acababa de nacer. Normalmente espero a haber aprendido nuevas cosas (a nivel musical y de producción) y a tener algo nuevo que contar, para ponerme a hacer algo. No me gusta repetir fórmulas, me aburriría.
Me intriga tu forma de trabajar. ¿Trabajas sola? ¿Produces, mezclas…?
Trabajo sola pero con muchas colaboraciones, y en la mezcla final hasta ahora siempre he sacado el trabajo a algún otro ingeniero o productor, porque hacer un disco me supone pasar muchísimas horas, semanas, incluso meses escuchando lo mismo, y creo que el oído al final se envicia y que es bueno que oídos externos den el último toque. Aunque quizás sea algo que cambie en el futuro y acabe por encargarme yo de la mezcla también, ahora que voy cogiendo experiencia en producción. También me gusta ir mostrando el trabajo a amigos y músicos conocidos cuando aún está a medio hacer. Cuantos más puntos de vista, mejor.
En ‘Porvenir’ hay una propuesta electrónica muy avanzada, pero la parte que es música ‘de raíz’ está perfectamente delimitada. Es como si estuviese dentro de una burbuja, y todo lo demás lo envolviese suavemente, sin ‘perturbarla’. ¿Cómo haces ese trabajo?
La verdad es que es un proceso que tengo tan naturalizado que me resulta difícil de explicar. En general empiezo por la electrónica, pero enseguida se me vienen melodías a la memoria… Y en mi memoria hay mucho folclore, supongo. Me gusta la definición que haces de la burbuja, porque yo creo que el juego es precisamente no tratar de fusionar nada. Casi toda la carga de la electrónica está en la base musical, y casi todo lo popular o folclórico en la voz, luego cada parte se contamina un poco de la otra, claro: la voz queda encajada en la rejilla rígida del beat, y la melodía a la que tienden las bases se hace un poco pop… Pero no sabría decirte el mecanismo exacto. Voy tocando, voy probando, y donde creo que suena bien, paro.
¿Cómo llegaste a esta conjunción? Tengo la impresión de que hay un proceso en tu música que te lleva cada vez más a las profundidades de una electrónica elegante y experimental, pero sin abandonar los rasgos del carácter que te atribuyes.
Todo empezó de una forma quizás un poco naif, a mí me parecía que cualquier instrumento y cualquier idioma valían para hacer cualquier tipo de música. Siempre me hace mucha gracia contar que yo al principio quería hacer algo que sonara como los Arcade Fire o como Tune Yards, que era la música que escuchaba en ese momento. Y, bueno, escuchas ‘Cásala’ [autoeditado, 2014]… y ya te darás cuenta de que nada que ver. Partí de una premisa práctica: hacer música con instrumentos pequeños, para poder viajar cómoda si tocaba por ahí. Y también quería que se pudiera bailar, y desde siempre me gusta hacer beats, por eso metí el sampler desde el principio. Entonces me di cuenta de que las herramientas marcan absolutamente lo que haces. Si metes un ukelele, la música va a sonar de determinada manera. Y no digamos ya el idioma y el acento [es malagueña aunque criada en Granada]. Ya el solo hecho de cantar en español y con el acento que tengo al hablar, la música se orienta a una dirección muy concreta. No sé si debería o no debería ser así, pero así es. En el segundo disco [‘Hondo’, 2015] quise aprovechar eso conscientemente. Hice un álbum que está un 90% construido a partir de samples, para traer todos esos lugares y esos sonidos a mi música, que me parecían lugares importantes para la propia historia del folclore de Andalucía, que es en el que me crié. Entre el sampleo y el beatmaking me fui metiendo más en la parte electrónica y en el tercer disco [‘Porvenir’] ha tenido mucho peso empezar a pensar las bases y las dinámicas de una forma más autónoma. A mí me gustaría en algún momento hacer música de baile, algo más cercano al techno, que es lo que más me gusta. Quizás tenga que formar parte de otro proyecto, porque no sé si ahí cabría la voz, que por ahora es parte fundamental de Le Parody.
Destaca en tu música el tratamiento de las voces y su producción. ¿Larga vida al vocoder?
Bueno no es exactamente un vocoder, yo uso un armonizador, de un aparato muy concreto, el TC Helicon Voice Live Touch, que creo que se ha dejado de fabricar… Así que ese efecto tendrá que morir en algún momento, como casi todo lo que hago últimamente, que depende de máquinas analógicas que en algún momento dejarán de funcionar… De todas formas, volviendo a las voces, siempre les hemos dado mucha importancia y en el último disco fue lo que más tiempo ocupó. Lo digo en plural porque ahí siempre cuento con César Berzal, un productor amigo con el que grabo y trabajo toda esa parte. Podemos pasarnos días hasta dar con un efecto que nos gusta, o editando las palabras casi fonema a fonema hasta que nos suenan bien…
Lo que haces es algo… único. Por mucho que se me ocurra que tiene que ver con lo que hace Rosalía en más de un sentido (hablo de la Rosalía de ‘El mal querer’), lo que tú cultivas es difícil de encontrar en otros jardines. ¿Esta singularidad te ha complicado la vida?
Pues no sé cómo sería mi vida si hiciera algo menos singular. Tampoco es que fuera mi intención hacerlo. Yo cuando estoy haciendo música la hago que me guste a mí, pero siempre pienso que, como me gusta a mí, le puede gustar a más gente. Y no lo sé, supongo que por un lado te da, y por otro te quita. Yo no puedo adaptar mi estilo a lo que creo que se pueda llevar más, no soy capaz. Así que nunca podré averiguar cómo sería si lo hiciera distinto.
¿Cuánto te hace sufrir? La creación, quiero decir.
Al principio, mucho. Era un sufrimiento extremo. Por ejemplo, cuando terminé de componer ‘Hondo’ me metí en tal pozo de inseguridad que casi no lo publico. Pero ‘Porvenir’ no lo he sufrido nada, fue un disfrute total. Salvo los típicos atascos de no saber para dónde tirar con un tema. Y aun ahí eran atascos técnicos o estéticos que resolvía sin sufrir. Todo depende de cómo esté una y llevo ya unos con buena salud mental, crear sin sufrimiento es lo mejor que hay, es como jugar.
Aparte de vivir de su trabajo, ¿lo que más anhela un artista, aún hoy, es ser comprendido?
No lo sé, no lo sé… Yo cada vez tengo menos ego puesto ahí… Al principio sí que me hacía fantasías e ilusiones de grandes éxitos y repercusiones… A medida que me voy dedicando más a esto eso me da cada vez más igual. Yo lo que anhelo es poder seguir haciéndolo, porque es el oficio que más me gusta, hacer música, hacer fiestas. Que siga siendo sostenible, que no me tenga que buscar alguna cosa fea que hacer para ganar dinero que me quite tiempo de vivir… Esa es mi única preocupación.
¿Alguna vez te has dicho a ti misma que dejabas la música para siempre?
Pues alguna vez en alguna rabieta en algún momento difícil seguro que lo he dicho. Pero no la música, sino dedicarme a la música. Yo no creo que vaya a dejar nunca de hacer música. Llevo haciendo música desde que tengo memoria. Con juguetes, con una guitarra, con un sampler, con un ordenador… No me imagino que en algún momento pueda parar y no vuelvan a entrarme ganas de cantar o de tocar algo.
Si la actividad se reactiva alguna vez te veremos actuar en algún momento del segundo semestre del año?
¡Sí! Si todo va bien, tengo una agenda bien repleta en otoño… Casi todo lo que tenía en primavera se ha aplazado a septiembre, octubre y noviembre. Crucemos los dedos. Iré anunciándolo todo cuando se pueda. Me podéis seguir en redes como @leparody y ahí voy actualizándolo todo.
https://transistora.com.es/wp-content/uploads/2020/06/Entrevista-Le-Parody-Transistora.jpg800639Yiyi Joliehttps://transistora.com.es/wp-content/uploads/2020/03/logo-web-transistora-2019-black.pngYiyi Jolie2020-06-15 08:46:222020-06-15 08:46:26ENTREVISTA A LE PARODY
“Tengo muchas facetas y me gusta moverme entre ellas. Puede que lo siguiente sea un mix de todo lo que he hecho antes, mi yo al completo, jajaja”
El hombre con el apellido más molón del universo está que se sale. Y ello, sin salir de casa. Cuando Francia declaró la cuarentena, el pasado 15 de marzo, Arnaud Rebotini puso en marcha un proyecto llamado ‘This Is a Quarantine’ que a día de hoy va ya por el octavo disco y que ha contado con el arte remezclador de gente de la talla de David Carretta, Djedjotronic, Max Durante, Miss Kittin, Christian Zanesi, Étienne Jaumet… En la base de todo, el sonido auténtico, inconfundiblemente rebotiniano, que procuran los amados sintetizadores vintage del cofundador de la banda de glorioso electroclash Black Strobe, hoy laureado compositor de bandas sonoras e inconformista productor. Hablamos con él de sus múltiples facetas musicales, conocidas y por conocer.
Lo primero, ¿cómo estás, Arnaud?
Bien, gracias.
Estos meses hemos visto una España llena de idiotas que no han respetado la cuarentena, o que se manifestaban para que se acabara el confinamiento cuando la situación aún era crítica, o que no han llevado mascarilla pese a ser obligatoria. ¿Qué tal los franceses? ¿Tenéis también idiotas allí o viven todos aquí?
Creo que idiotas hay en todas partes, también tenemos ese tipo de personas en Francia, aunque creo que se ha respetado bastante bien la cuarentena.
Probablemente esta haya sido la crisis sanitaria más política de la historia. ‘This Is a Quarantine’, tu último y ambiciosísimo trabajo, tiene un trasfondo irónico en este sentido?
No, ‘This Is a Quarantine’ no tiene una intención irónica, es más una experiencia artística, el testimonio de cómo viví las cosas durante el confinamiento, también una mirada a lo que sucedió, como el debate sobre la Cloroquina o el uso de mascarillas.
Se trata de un proyecto muy ambicioso compuesto por ocho discos e implica a grandes productores que remezclan tus temas, desde Miss Kittin hasta Max Durante o David Carretta… ¿Cómo ocurrió? ¿Una idea inicial se fue haciendo más y más compleja?
Cuando el Gobierno anunció aquí la cuarentena, lo que había venido precedido por la cancelación de todos mis gigs, sentí la necesidad de mantener un vínculo con mi público. Como estaba confinado en mi estudio decidí publicar una canción por semana. Luego pensé que estaría bien involucrar a más gente, así que comencé a preguntar a los productores que me gustan si les apetecería hacer remezclas. Y como se puede ver, la respuesta fue bastante positiva.
¿El proyecto acaba aquí o habrá más?
Tengo el plan de hacer un noveno EP para el lanzamiento de vinilo, presumiblemente en septiembre.
En este trabajo hay algunos secuenciadores ‘muy Rebotini’ y sonidos de un techno y un electro muy puros, también sonidos industriales aquí y allá. ¿Cuál fue el concepto musical del proyecto? ¿Iba de libertad total o había un plan concreto?
La idea original era justo lo que has dicho, producir algunos sonidos electro/techno con maquinaria vintage y hacer algo intuitivo y espontáneo.
He leído acerca de tu amor por los sintes vintage. ¿Cuál es la joya de tu colección y cuál el último que te has comprado?
Tengo un montón de joyas, pero ahora mismo me encanta mi Memorymoog y el Oberheim Two Voice. El último que he comprado ha sido un Prophet 5.
Toda tu carrera te describe no ya como un disidente (recuerdo el shock inicial al escuchar ‘Burn Your Own Church’, tan diferente al ‘Me and Madonna’ previo), sino como un artista que hace lo que quiere en cada momento en vez de, por ejemplo, ser fiel a un ‘sonido propio’, lo cual podría ser mucho más rentable. Esto queda muy patente, por ejemplo, en tu album ‘Organique’, que parece hecho por ‘otro Rebotini’, ¿me equivoco?
Sí, tengo muchas facetas y me gusta moverme entre ellas. Puede que la siguiente sea un mix de todo lo que he hecho antes, mi yo al completo [risas]. Lo cierto es que a menudo siento la necesidad de hacer algo diferente a la música de club.
¿Cuál es la historia detrás de ‘Organique’ y por qué lo has reeditado?
Organique fue mi primer álbum, hecho en un periodo en que estaba a salvo de las corrientes del tiempo y las modas. Así que lo hice con absoluta libertad. Lo relancé porque tiene ya 20 años y porque mi próximo disco toma muchas de las ideas que había esbozado en ese primer trabajo.
También has trabajado intensamente en bandas sonoras (de hecho, en 2018 recibiste un premio César por la de ‘120 battements par minute’). ¿Es divertido? ¿Enriquecedor?
Me encanta dedicarme a eso. Te da la oportunidad de trabajar con gente de otra disciplina artística. Para mí cada una de las veces ha sido una experiencia muy enriquecedora.
Se siente, pero soy una romántica que se niega a creer que la música es un trabajo como cualquier otro, así que ahí va eso: ¿es la creación musical un ejercicio de narcisismo o, por el contrario, es un intento de cubrir una distancia, de alcanzar el alma de las personas que escuchan?
¡Es ambas cosas, narcisismo y conexión con el otro!
¿Estás entre los que creen que habrá un antes y un después del coronavirus o piensas que todo volverá, como un muelle, a la situación previa (también en lo referente a clubes, festivales, vida nocturna, música…)?
Creo que todo volverá a como estaba antes, excepto por que nos lavaremos las manos un poco más a menudo.
Mientras tanto estás haciendo streamings desde tu estudio en Facebook. ¿Alguna nueva fecha a la vista?
Probablemente haga otro alrededor del 20 de junio.
Una masculinidad desbordante ha sido siempre tan ‘Rebotini style’ como los secuenciadores ácidos e inconfundibles de los que hablábamos al principio. Así que tres preguntas para terminar (la primera, de despiste). 1. ¿Por qué el título ‘To (Wo)Men on the Assembly Line? 2. ¿Llevas gafas de sol por la noche? 3. ¿Te quieres casar conmigo?
1. Con ‘To (Wo)men on The Assembly Line’ quise homenajear a las mujeres y los hombres que han hecho posible que el país continuase operativo durante el periodo de estricto confinamiento. Pero también a aquellos que reanudarán su trabajo en las fábricas, la construcción, el procesamiento de alimentos y los servicios que impulsarán la economía, a menudo en trabajos mal considerados y peor pagados, pero esenciales para el funcionamiento de nuestra sociedad.
‘Downfall’ es el primer álbum bajo el nombre de Saito creado por Lena Saito, también conocida como Galcid. Ha sido producido por Hisashi Saito, un gurú del sintetizador analógico y esposo de Lena. Descendiente de una destacada estirpe de herreros japoneses, el sonido industrial del acero se incrusta en el ADN de Lena y se refleja en su música. Sin embargo, también hay tonos refinados e hipnóticos que muestran un lado más delicado.
La música del álbum en sí no está pautada y es predominantemente improvisada, igual que las palabras y voces. A veces las máquinas responden como a través de telequinesis, emitiendo un sonidos que se pueden clasificar en algún lugar entre la música de baile experimental y algo que posiblemente tenga más sentido para las mentes iluminadas, como un nuevo ejemplo de Ultra Black of Music.
El álbum es un buen ejemplo de ritmos inquietantes y un esfuerzo de hacer no-música armada con inventiva y experimentación al 100%. Nos cuentan que debemos entenderlo como un bestiario conceptual sobre lo geo-político, económico, estético, cosmológico y la problemática social de nuestro tiempo. En este contexto, ‘Downfall’ especula sobre múltiples formas en las que el objetivo, mundos sonoros inhumanos que rugen debajo del aparato sensitivo de los humanos, impregna y coloniza suavemente nuestro alien-humanoide.
“La gente ha estado encerrada tanto tiempo que saldrá con una sola cosa en mente, se soltará y se volverá loca. Estoy deseando que llegue ese día”
Su nombre, en cierto modo a su pesar, va indisolublemente unido al hard techno, y más en concreto al schranz, un estilo que funciona sobre aniquiladoras bases a un galope de 150 bpms. Y digo a su pesar no porque DJ Rush reniegue del techno, que no lo hace, sino porque él es más que techno. Emparentado con el house y la música disco, el autor de la mítica ‘Get on up’ nos abre las puertas de su mente inquieta y nos atiza un rayo de esperanza para cuando termine esta época oscura. Con un poco de suerte, la gente volverá a bailar en los clubes en vez de regresar al maldito postureo, pronostica.
Lo primero, ¿cómo estás, cómo te va en este extraño período que nos ha tocado vivir?
Todo bien por aquí de momento. Sí, los tiempos son raros, y tan ‘conectados’… Es como si fuésemos actores en una película y alguien nos estuviese mirando. Por mi parte estoy aguantando con la mente despejada, observando cómo se desarrollan los acontecimientos día a día y haciendo lo que está en mi mano para mantenerme sano y salvo.
¿Dónde estabas cuando el volcán coronavirus entró en erupción?
Vivo en Portugal y como sabes es uno de los países con menos casos, especialmente donde yo vivo, en el sur. Pero recuerdo estar viajando meses antes y escuchar cómo se iba acercando esta situación. De todas formas, yo siempre trato de mantener las distancias cuando viajo, porque mucha gente parece estar enferma en los aeropuertos y hoteles, así que andaba bastante alerta mucho antes de que el tema empezara.
¿Te pilló lejos de casa?
En mi último gig antes del cierre ya viajaba con mascarilla y estaba bastante nervioso y alerta. Cuando terminé y por fin estaba de vuelta en casa sentí alivio, porque todo lo que oías en las noticias era información sobre el brote. Me siento muy afortunado, porque en mi profesión estoy siempre rodeado de tanta gente, dándome la mano, besándome en la mejilla, abrazándome y hablando cara a cara en un espacio reducido…
Supongo que todo esto habrá cambiado mucho tus planes inmediatos. ¿Nueva situación, nuevos proyectos?
Bueno, tampoco han cambiado tanto. Intento vivir sin estrés. Cuando se trata de música la cosa va de divertirse y no tomárselo muy en serio, llevo en este negocio tanto tiempo que sé que si bajas la guardia por un minuto puedes perder la cabeza… y a ti mismo. Lo único que me duele es no haber podido ir a casa [él es de Chicago] a ver a mi madre por su cumpleaños y al resto de mi familia, voy sin falta tres veces al año. Pero bueno, ahora videochateamos más a menudo, lo cual tampoco está mal. Además, desde que empezó esto estoy recibiendo un montón de peticiones para colaborar en producciones de otros artistas y hacer remezclas, así que tengo muchas cosas que me mantienen ocupado. El cerrojazo me ha permitido tomarme las cosas con calma y trabajar más a mi aire.
Tu vídeo ‘Party at Home’ [un set megacañero con imágenes de Rush en acción mezcladas con otras de la artista Malika Maria con un rollo bastante cabaret sadomaso] lleva más de 36.500 visionados. ¿Están muy hambrientos los techno adictos, te han pedido more more more?
Me parecía tan excitante hacer este vídeo con mi talentosa amiga Malika Maria y darles a mis seguidores algo diferente mientras estaban encerrados en casa… La noche que lo lanzamos fue emocionante. Tanto amor, tantos comentarios agradables, la gente disfrutó de verdad. Sí que he tenido peticiones de hacer más vídeos y dado que la gente lo pide… aún tengo algo guardado en la manga para mi leal base de fans.
¿Crees que la escena será capaz de recuperarse este año? ¿Bailaremos con mascarilla?
Lo hará si no pensamos a lo grande. Necesitamos dar pasitos de bebé para conseguir que las cosas vuelvan a la normalidad. Tenemos que aprender de la situación para construir un futuro mejor. No siento la menor urgencia por volver pronto a los grandes festivales y megaclubes. Pero si pensamos en pequeño y avanzamos no hay razón para que no podamos recuperarnos y comenzar la fiesta otra vez, incluso con mascarilla, ¿qué importa? Primero, seguridad, y entonces podremos disfrutar nuestras vidas otra vez y celebrar con los demás. Siempre dijimos que la música sanaría el mundo, ¿no? Pues este es el momento de demostrarlo.
Ponte que vuelven los festivales. Pueden pasar dos cosas: la gente está asustada y se comporta raro. O la gente quiere bailar más que nunca. ¿Qué opinas?
Cuando las puertas se abran nuevamente se sentirá una vibración diferente y veremos surgir una cultura de club absolutamente nueva. La gente ha estado encerrada tanto tiempo que saldrá con una sola cosa en mente, se soltará y se volverá loca. Estoy deseando que llegue ese día, se sentirá como cuando todo empezó y ocurrirá lo que se supone que tiene que ocurrir: gente divirtiéndose, bailando, gritando con la música sin más preocupación; sólo tú y la música. Y no eso en lo que la escena ha acabado convirtiéndose: nadie bailando, sólo tratando de parecer guapo y trendy y dándose paseos por la pista. Creo que después de esto la gente asumirá que nuestra forma de vivir no está garantizada, que la próxima vez podría ser el final. Así que vivamos y disfrutemos cuando esto termine.
En una entrevista en 2012, hablando de cuando te estableciste en Europa, te mostrabas exultante y agradecido al techno. ¿Qué queda de ese sentimiento?
La música es una parte de mí, eso nunca cambiará. Cuando me mudé a Europa llegué con una sonrisa enorme, listo para recibir lo que me esperaba y también para entregarme y ser yo mismo. Tuve la suerte de poder salir de Estados Unidos, ver mundo y llamar a Europa mi segundo hogar. Desde entonces mi estilo musical se ha ampliado y alcanzado niveles que nunca hubiera imaginado. El house y la música disco son mi padre y mi madre, y el techno, mi hermano.
En los últimos años no has parado de publicar álbumes y EPs. ¿Estás ahora metido en el estudio?
Voy al estudio de tanto en tanto, cuando tengo una idea o algo de repente me inspira, entonces bajo las escaleras corriendo y lo pongo todo junto. No me obligo a hacer música, no tengo necesidad. La música es mi vía de escape y mi lugar de diversión, así que no la abordo como un trabajo. Dicho lo cual… Podéis esperar algo mío especial entre septiembre y octubre. Así que preparaos para poner el culo en movimiento.
Te gustan multitud de estilos, pero como productor siempre te has inclinado por el techno. ¿Por qué esa predilección?
Este lleva siendo mi problema desde hace años… La mayor parte de la música que yo hago no es techno, este es el género en el que estoy etiquetado. Mi background es house y el house admite diversas formas y estilos. Lo mío son más beat tracks o jack tracks, pero todo el mundo dirá: “Techno, techno”. Llevo diciéndole lo mismo a la gente desde 1998, pero sigo siendo considerado un productor de techno. Un día dije que me gustaría hacer música para ascensores, jajajá. No sé si sucederá alguna vez.
(Pues qué bochorno, yo también la consideraba techno, pese a su singularidad). En cualquier caso, ¿es el techno hoy un lugar para la resistencia o eso es también un lugar común?
El techno es comodidad, es tu casa lejos de casa, tu lugar donde encontrarte a ti mismo, tu sitio para dejarte llevar. Puedes huir de la mísera realidad cuando llegas al mundo del techno. Se adapta a todo el mundo, en cierto modo.
¿Su futuro está en replegarse sobre sí mismo o crees que hay camino para la investigación?
Siempre hay espacio para crecer, nunca dejas de aprender, por eso siempre hay nuevos artistas, todo el tiempo, llevando las cosas al siguiente nivel. Alguien con suficiente capacidad de aguante en esta industria usará lo que dio el pasado para crear un futuro y contribuir así a la cultura.
¿Lo que se ha dado en llamar música urbana (trap, reguetón…) tiene algún interés para ti?
Como artista y dj, nunca deberías cerrar tu mente a ningún género musical. Ser abierto no te convierte en una mala persona ni en alguien con mal gusto, solo se trata dejarte inspirar por otras formas artísticas. Dicho esto, el trap no es para mí. Si escucho algo que me gusta, pues vale, pero nunca me esforzaría en asistir a un evento centrado en este tipo de música.
Hace poco le pregunté a la productora y dj Cora Novoa si creía que el techno era todavía la música más hot del universo. Ella cree que sí. ¿Y tú?
El techno siempre estará ahí, y seguirá tirando, porque te permite ser tan creativo y moldearlo de maneras tan distintas… Además, no podrás alejarte de él porque el techno “is in your face, like my bass”…
https://transistora.com.es/wp-content/uploads/2020/06/DJ-Rush-interview-Transistora.jpg961961Yiyi Joliehttps://transistora.com.es/wp-content/uploads/2020/03/logo-web-transistora-2019-black.pngYiyi Jolie2020-06-08 06:40:232020-06-08 06:50:19ENTREVISTA A DJ RUSH
Artista:The Transcendence Orchestra Album: Feeling The Spirit Label:Editions Mego Fecha de lanzamiento: 29 de mayo 2020 (digital), mediados de julio (físico) Formato: 2CD / 2LP / Digital
Tracklist
Hinge Caterpillar
Imagine a Mountain Named after a Hospital
But Said in My Head, not Out Loud (Comment Made)
The Golden Jaws of the Celestial Vice
Nothing is Real (Slight Return)
The Goose and the Wren
Overview Effect
Humans as Vessels for a Suite of Corporate Dream Delivery Services
Nothing is Real
En el proceso de reubicación a los estudios Willem Twee en Den Bosch (Holanda), The Transcendence Orchestra (Surgeon y Daniel Bean ) dejaron que el amor se deslizara hábilmente por su puerta y reverbera alrededor de las paredes de la sala principal del estudio, un techo alto en una antigua sinagoga en el casco antiguo de la ciudad.
Trabajando intensamente para capturar sus ecos, indujeron a ese amor para que se deslizara por tuberías y cuerdas a través de circuitos resonantes, pasándolo por la habitación con batidores, bocinas y sonajeros.
Al regresar a casa con las grabaciones, comenzó a surgir un propósito. A través de un proceso de reconfiguración y exhaustivas pruebas, quedó muy claro que ese amor contenido en su interior podría transformar la percepción. Bajo la circunstancias correctas, y acompañado de la tecnología adecuada, podría ser utilizado como un mapa para navegar principios y finales. Como un lejano canto fascinante o una canción popular psicodélica, podría conectarnos, ayudarnos superar los límites y sobrevivir. Quizás no intactos, pero al menos enteros.
‘Feeling the Spirit’ es el mapa, el amor empapado diligentemente en sus líneas, listo para guiar a aquellos perdidos o tranquilizar a aquellos dispuestos a explorar.
“Uno de los problemas actuales de la música electrónica es que ya no se distingue de la demás”
Es uno de los últimos periodistas musicales que le quedan a un país, este, donde muchos de los que se hacen llamar así se limitan a volcar las notas de prensa que les llegan cada día, la crítica es un género desaparecido y la entrevista, un trámite soporífero. Ha escrito en medios como la extinta Rockdelux o La Luna de Metrópoli, y es autor de nuestra biblia del género, ‘Loops, una historia de la música electrónica’ (Mondadori). Javier Blánquez tiene tanto que decir que esta entrevista, donde hablamos de Prince, de Underworld, de Joy Division, de Burial y hasta de Taylor Swift, se nos ha ido un poco de las manos. Pero una sobredosis al año no hace daño, ¿no?
Perdón que empiece poniéndome nostálgica y hablando de mí misma (no puedo con mi egolatría), pero es que para mí tú has sido dios en materia de periodismo especializado en música electrónica. Leía La Luna de Metrópoli sólo por tus críticas de discos. Qué tiempos, ¿no?
Buenos tiempos, en efecto, y que lamentablemente ya no volverán, así que habrá que quedarse con lo más grato que nos deje el recuerdo. Básicamente, que hubo una época en la que en los periódicos de mayor tirada había un pequeño espacio en el que se podía hablar de música que no encajaba en el molde comercial, y que aquellos suplementos ayudaban a la gente a descubrir música que no sonaba por la radio, o que no encontrarías en las páginas de cultura del mismo periódico. Pero ya fuera porque se perdió el interés colectivo por lo distinto -cosa que no creo, sigue habiendo curiosidad- o porque internet modificó nuestros hábitos de consumo, búsqueda y recepción de recomendaciones, poco a poco esos espacios empezaron a languidecer. Y ya no volverán.
Han pasado 10 años por lo menos desde entonces y de repente (que no sería tan de repente) cierra Rockdelux, que era uno de los medios donde escribiste durante mucho tiempo y donde decías, daba la impresión, exactamente lo que te daba la gana. ¿Cómo te sentó la noticia?
Mal, porque fue la primera revista en la que publiqué, cuando yo aún no tenía ni idea de nada, y si no hubiera tenido aquella primera oportunidad ahora estaría en otro sitio, y no estoy seguro de que fuera un lugar mejor. Pero más allá de eso, que es una cuestión meramente personal y sentimental, el cierre de Rockdelux sienta mal porque para mí era el último bastión de una manera ‘old school’ de hacer las cosas: con jerarquía y contexto, con un criterio que determinaba esa jerarquía y una manera de mostrar la actualidad. Entrevisté a Santi Carrillo en noviembre y él era consciente de que una revista como Rockdelux, tal como estaba planteada, no podía durar mucho. Pero el simple hecho de que existiera ya era importante: era un recordatorio de cómo eran las cosas antes, de que había cosas que no deberíamos perder, aunque supiéramos que era una batalla perdida.
Una de las cosas que se han perdido en este tiempo es la crítica. Convertido el público en crítico, ¿qué espacio le queda al periodista musical?
Supongo que muy poco, al menos al periodismo musical tal como se ha entendido en los últimos años: la crítica es un formato en coma, la entrevista se hace tediosa porque hay muy poca gente con ganas de decir cosas de verdad, y en las revistas online la tendencia es más a sostener una media estable de usuarios únicos -lo que lleva a seleccionar temas por su morbo y su fácil consumo, que por su profundidad-, y eso hace difícil desarrollar un trabajo crítico sostenido en el tiempo. Queda el articulismo y el reportaje en profundidad, pero con las tarifas que se manejan es difícil que alguien quiera dedicarse a eso, a menos que sea metiéndole pasión y ganas, que es algo que dura poco tiempo. Yo me dedico ahora más a la docencia, y es un espacio interesante porque está claro la mayoría de la gente joven desconoce muchas cosas, y está abierta a conocer, pero demanda algo que vaya más allá del texto escrito, así que supongo que el periodismo tendrá que derivar hacia las pantallas y el audio: podcasts y YouTube. A mí me pilla ya muy viejo y no sé mirar a la cámara, pero si tuviera que hacer algo ahora, sería un canal de difusión histórica en internet.
Tampoco parece que tengas grandes expectativas respecto a la música electrónica. ¿No será que lo que está sucediendo interesante de verdad no lo llegamos a conocer, dada la gigantesca oferta musical de hoy?
Uno de los problemas actuales de la música electrónica es que ya no se distingue de la demás. El pop, el hip hop y la música latina urbana han conquistado unos medios de producción que ya no tienen nada de distintivo, ni tampoco dan pie a día de hoy a crear un marco sonoro revolucionario. Eso no significa que no se estén haciendo cosas interesantes, pero es cada vez más difícil encontrarlas: el volumen de producción es imposible de manejar, y antes de llegar al underground donde están las cosas interesantes hay que desbrozar antes casi todo el pop, casi todo el trap, casi todo el reguetón. No es que no tenga expectativas, porque hay cosas en las que merece la pena creer -el trabajo con inteligencia artificial de Holly Herndon abre un marco teórico y práctico nuevo, con resultados muy sólidos, por ejemplo-, y hay movimientos muy interesantes en el marco del techno o el ambient, pero a la vez hay mucha «technostalgia» y separar el grano de la paja implica más horas de búsqueda, afinar el criterio, y todo ello sin que quede muy claro a qué lleva todo eso. Por eso, la actitud preferible terminará siendo la de abandonarse a la corriente, sumergirse tranquilamente en el caos, y escuchar «lo que Surgeon». El público del pop ya lo hace.
Has traducido un libro sobre Joy Division en el 40 aniversario de la muerte de Ian Curtis, ‘Una luz abrasadora, el sol y todo lo demás’, que publica en breve Reservoir Books. ¿Hay algo en el libro que haya sido, para ti, una revelación?
No diría tanto. La historia de Joy Division la conocía en lo esencial, y el libro tampoco contiene grandes novedades que vaya a sorprender a nadie o cambiar el sentido del relato. Lo que sí tiene, en mi opinión, y que supera a otras obras relacionadas con Joy Division -los libros de Deborah Curtis o Peter Hook, por ejemplo- es que tiene una voluntad clara de ser la obra definitiva y coral en la que todas las voces tengan un protagonismo parecido, de ser la exposición más rotunda y exhaustiva de la historia del grupo, de su época y sus circunstancias. Al fin y al cabo, el gran misterio que rodea a Joy Division no se puede resolver, porque tendría que hablar Ian Curtis. Y Curtis fue muy hermético en vida, y no dejó muchas pistas sobre su manera de pensar, sobre los secretos y las angustias que guardaba. El libro pone mucho orden en las cuestiones clave –los motivos de su suicidio, cómo fueron sus últimos días, su estado anímico–, pero aún así sigue quedando una duda constante, que supongo que es la que hace que se mantenga la fascinación por el grupo a día de hoy.
Soy la primera persona que conozco que, pese a haberlo intentado (incluso tengo varios álbumes), no ha logrado nunca que le gustase Joy Division (ahora es cuando mis amigos me dejan de seguir en las redes sociales. Ah, no, que no tengo). ¿Es grave? ¿Qué me estoy perdiendo?
No creo que sea la persona más adecuada para responder a eso. A mí siempre me han gustado más New Order, y aunque me interesan también Joy Division, y tengo los discos y todo eso, tampoco puedo decir que pertenezca al núcleo duro de esa religión. Comprendo la fascinación que generan, esa mística alrededor de la oscuridad, el desafecto por la realidad, la muerte, la depresión, etcétera, pero tampoco es algo que encaje mucho con mi personalidad. Hay aspectos que sí me atraen, que en ciertos momentos me llenan por su solemnidad (el uso de los sintetizadores en ‘Atmosphere’ o en ‘Decades’, por ejemplo), y comparto el marco intelectual en el que se desarrolló Ian Curtis, sobre todo en el aspecto literario, pero no respondo con esa fuerza intensa con la que conecta otra gente. ¿Es grave? No, no es grave, lo grave sería que no te gustara nada.
También tradujiste recientemente un libro sobre Prince apasionante, en el sentido de que, tengo entendido, era el resultado de lo que empezó siendo un proyecto autobiográfico. ¿Cuál es el origen de ‘The Beautiful Ones’ y qué dificultades te supuso?
En cierto momento a mediados de la década pasada, Prince sintió la necesidad de poner orden a sus recuerdos. En el libro se explica que en cierto momento empezó a sentir de manera clara y peligrosa la presencia de la muerte a su alrededor: empezaron a fallecer amigos y colaboradores, y si se había sentido inmortal en algún momento, empezó a ver claro que algún día le tocaría a él. Así que empezó a darle vueltas a la idea de un libro sobre él, que con el paso del tiempo se convirtió en un proyecto de autobiografía que iba a desarrollar con un periodista desconocido en el mundillo musical, Dan Piepenbring, pero que a Prince le había caído bien. Empezaron a trabajar, Prince llegó a escribir de su puño y letra una serie de cuartillas con recuerdos, y luego, de manera inesperada, falleció. El libro en ese momento sólo era un proyecto y no tendría por qué haber seguido, pero de la misma manera que los albaceas de Prince han estado publicando material de archivo almacenado en Paisley Park –según se cuenta, para generar ingresos que permitan mantener su casa como un futuro museo en Minneapolis–, también pensaron en qué manera esos materiales podían transformarse en un libro. Al final, fue un rescate de las notas manuscritas de Prince, una serie de fotografías inéditas y de documentos escritos –el primer borrador del argumento de ‘Purple Rain’–, y el libro es una especie de relato de los últimos años de Prince y de cómo empezó su carrera musical. Como traducción no fue un proyecto complicado. Lo único difícil fue traducir del lenguaje Prince al español, porque para decir «I» (yo) él decía «Eye» (ojo), pero escrito como si fuera un texto egipcio en piedra. Y sus «To» eran un 2, y sus «For» un 4… Así que tuve que inventarme un código, como de escritura SMS, para simular cómo escribiría Prince en español si usara esas abreviaturas y trucos (y de ahí salieron palabras como con100cian, muchos Q en vez de «que» y recursos así). El ojo del yo se quedó en un «Yo» mayestático, en mayúscula. Cosas así. Creo que es legible, dentro de lo ilegible que es este Prince jeroglífico.
¿Fue Prince el último músico que supo cultivar adecuadamente su misterio? ¿Las redes sociales han impuesto una cercanía perjudicial para los músicos, que ya no logran ser tan fascinantes como antaño?
No sé si fue el último, porque Burial también proyectó un aura especial gracias precisamente a esa opacidad absoluta con respecto a su imagen y su nombre, y de esto hace diez años, y el impacto fue muy intenso. Pero por mucho que me guste ‘Untrue’, hay que admitir que la carrera de Burial no es tan larga ni tan torrencial como la de Prince. Prince nunca fue transparente, nadie lo sabe todo, y cuando más se sabe sobre sus opiniones o sus gustos, o su forma de vivir y trabajar, en vez de arrojar luz lo que se consigue es ahondar en el misterio, y eso es fascinante, esas sombras son necesarias para construir un mito. En ese sentido, también son muy interesantes los últimos años de David Bowie, y estoy seguro de que él se mantuvo lejos del foco de manera deliberada, pues incluso ante la muerte nunca olvidó que era un artista, y que el misterio ayuda al arte. El problema de las redes sociales, en mi opinión, no es que muestren a los músicos como más cercanos, sino como más frívolos, al menos en el pop mainstream. El problema no es conocer más, sino que lo que conocemos es en realidad algo sin mucho interés: lo que comen, los amigos famosos que tienen en el mundo de la moda, sus secretos para tener unas uñas de medio metro, su último chapuzón en una piscina, el último tatuaje que se han hecho. Eso luego tiene un impacto también en la música: te la tomas menos en serio.
¿Lo llegaste a conocer?
No, nunca coincidí con Prince. Si hubiera llegado a actuar en el Liceu de Barcelona, quizá se hubiera dado la oportunidad, pero decidió no hacer aquella gira de piano y micrófono, y ya no hubo opción.
¿Cuál ha sido la estrella internacional que más te ha hecho sufrir en una entrevista?
Supongo que Rihanna, porque nos hizo esperar más de ocho horas a un grupo de unos 50 periodistas internacionales convocados en Londres. En realidad no me hizo sufrir, cuando nos dijeron que se retrasaría «algunas horas» nos dieron la posibilidad de salir a dar una vuelta, así que me fui a Piccadilly, me compré un libro, y luego estuve leyendo en la sala de espera, bebiendo té. Al cabo de ocho horas, Rihanna apareció, me dieron turno en la segunda mesa redonda, acabé y me fui.
¿Y la más esquiva?
Seguramente Taylor Swift, porque la entrevista (además, por teléfono) ya estaba directamente condicionada por su discográfica y su equipo de prensa: era más larga la lista de temas prohibidos -no le preguntes por política, ni por sus novios, ni por esto y lo otro- que los temas permitidos, así que al final quedó una cosa muy sosa y no hubo manera de esquivar los obstáculos, que hay maneras de hacerlo, pero con ella no se pudo. Una vez entrevisté a Carla Bruni y la consigna era: «no le preguntes sobre Sarkozy». Pero conseguí dar un rodeo y le pregunté por Sarkozy, y me respondió muy bien.
¿Y la más seductora?
No sé si seductora es la palabra, pero una de las entrevistas más insólitas y glamourosas que recuerdo fue una con Enya en Dublín. No fue en su castillo, sino en una mansión del siglo XVIII convertida en hotel de lujo -con pista de equitación y campo de golf-; a ella le habían reservado un salón con chimenea, tapices, cortinas nobles, candelabros, y te hacían esperar allí sentado un par de minutos hasta que aparecía. Y bueno, Enya es como te la imaginas: una mujer etérea, élfica, y además muy amable. Tampoco es muy abierta, porque quiere mantener el secreto, pero tiene algo profundamente encantador.
¿En el confinamiento has escuchado más música que habitualmente o te has hecho más bien una cura de silencio?
He escuchado tanta música como siempre, o más. Mi cura de silencio ha sido a nivel informativo y de redes sociales: el segundo es un terreno empantanado que es mejor no pisar, y el primero he querido consumirlo con cuidado, porque ha habido más interés por desinformar que por informar, así que me he refugiado en los libros, las películas y los discos. He aprovechado para escuchar decenas de discos que tenía en casa y que no me había puesto antes, sobre todo mucha música clásica, y discos electrónicos que si no los escuché en su momento, me he dado cuenta, era por algo; tampoco me han aportado mucho. No he tenido interés ni en las novedades ni en los DJs caseros, ni tampoco por el aluvión de recomendaciones: tengo centenares de libros, discos y películas por consumir, así que, obligado por las circunstancias, me lo he montado como si fuera un año sabático forzado.
¿Qué les pasa a los músicos famosetes españoles, que en cuanto ganan un poco de pasta se hacen más inaccesibles que Greta Garbo en su jubilación? ¿Están sobreprotegidos por managers y discográficas o son directamente tontos de remate?
Hay de todo, pero entiendo por dónde vas. Para muchos artistas el objetivo primero no es hacer música, sino hacer dinero. La música es un camino, como podría ser invertir en bolsa. Hay, en general, una urgencia por llegar lejos y lo más rápido posible, y ese impacto masivo –que antes conllevaba más tiempo y esfuerzo, primero te forjabas una carrera y el éxito llegaba, y con él la vida lujosa– ahora se puede conseguir más rápido y sin necesidad de dominar un oficio o tener un talento especial. Es más útil saberle sacar partido a los stories de Instagram que tener conocimientos de armonía o producción –que normalmente ya hará otro por ti–. Eso ha hecho que se borre en gran medida el espacio intermedio que hay entre los artistas y el público al que aspiran a llegar, y los medios de comunicación, salvo algunos en concreto, no son importantes para lograr su objetivo, y que cuando está alcanzado ya no necesitan más, sólo como un trámite para mantenerse. De todas maneras, las carreras hoy son mucho más frágiles que antes, el tiempo de atención del público más breve y la competencia más numerosa y feroz. Así que a mucha gente el karma les saldrá a devolver.
No me puedo ir sin referirme a ‘Loops’ y una espinita que tengo clavada desde que lo leí. ¿Por qué no te parecen interesantes Underworld?
Underworld me parecen interesantísimos, y acudo con regularidad al single ‘Rez’ y al álbum ‘Dubnobasswithmyheadman’. Los vi en 1996 en el Doctor Music Festival, cuando aún estaba Darren Emerson, y fue uno de los mejores directos de techno de estadio que he visto, junto con el de Orbital en el Sónar del 95. Ahora mismo no recuerdo qué se decía de ellos y qué espacio tenían en el libro –creo que estaban en uno de los capítulos de Juan Manuel Freire–, pero estoy seguro de que nunca se les ha dado la categoría de «no interesantes». Sí que es cierto que hay muchos nombres que requerirían más espacio, pero esto es tan aplicable a Stockhausen como a Daft Punk. El primer Loops tuvo que resumir un periodo de tiempo muy largo y una gran densidad de información en un volumen que puede parecer generoso en páginas, pero que planteó muchas limitaciones.
Me quedo más tranquila. Por último, ¿me das tres artistas electrónicos en activo a quien seguir?
Me ha gustado mucho el nuevo álbum de Vladislav Delay, la última novedad que escuché antes del confinamiento. Me interesa también el trabajo que está haciendo Kaitlyn Aurelia Smith en el ámbito del ambient. Y luego tengo una especial fascinación por Will Long (alias Celer), un músico americano que enviudó en circunstancias bastante tristes y se fue a vivir a Japón. Publica varios discos al año, todos de notas sostenidas (drones), pero con destellos de belleza que me dan una profunda sensación de protección. Muchos de sus discos sólo se encuentran en Japón (y en Spotify), y uno de los últimos, ‘Xiè Xiè’ –inspirado por el paisaje bladerunneriano de Shanghái–, fue una de las escuchas más plácidas del pasado otoño.
https://transistora.com.es/wp-content/uploads/2020/06/Entrevista-Javier-Blanquez-Transistora.jpg6761200Yiyi Joliehttps://transistora.com.es/wp-content/uploads/2020/03/logo-web-transistora-2019-black.pngYiyi Jolie2020-06-03 15:02:562020-06-15 08:53:55ENTREVISTA A JAVIER BLÁNQUEZ
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