“Ver al público bailando, saltando y desatándose me emociona más que cualquier otra cosa en esta vida”

El día 20 de julio publica nuevo single, el segundo en lo que va de verano, esta vez un remix del clásico ‘Thank God It´s Friday’, vía Riot Recordings, su propio sello. Porque el romano Frankyeffe, o lo que es lo mismo, Francesco Fava, es un no parar de hombre, y frente al cierre de clubes y festivales, ha puesto su estudio, no ya a la velocidad de la luz, sino más bien a lo que en la mítica ‘Spaceballs’ llamarían “velocidad absurda”, vamos, a toda leche. ‘Skin’, su reciente colaboración con la dj y vocalista Bruna, da la medida de su sonido: un techno de base impenetrable que, con una planeadora capa de tremenda síntesis ácida, aspira a estar entre los clásicos.    

¿Cuántos de tus planes ha destrozado la crisis del coronavirus?

Muchos. Tenía bastantes fechas para terminar la temporada de invierno y algunos festivales ya cerrados para el verano, pero como cualquier otro, tuve que echar el cierre. Recuerdo que las primeras noticias sobre cierres de clubes me hicieron sentir fatal. Ahora no veo el momento de volver.

¿Qué partido le has sacado a este tiempo ‘muerto’?

He trabajado mucho en el estudio, así que he producido bastantes temas que estarán listos para publicarse justo después del verano y otros que estoy lanzando ahora. Me he centrado mucho en mi sello Riot Recordings y también he desarrollado proyectos paralelos con un sonido diferente al habitual en mí. También me he dedicado a mi casa, a mi familia y a cocinar.  

Hace nada has publicado ‘Skin’, un tema con la colaboración vocal de Bruna. ¿Cómo surgió trabajar con ella?

Oí su voz en un tema y me gustó el tono, era justo lo que andaba buscando entonces. Tenía ya un boceto del proyecto en el que estaba trabajando y sentí que ahí faltaba una voz, así que le pregunté a Bruna si podía interesarle. Así nació ‘Skin’.

¿Qué tiene el techno de hoy que no tuviera el de hace 10 o 20 años?

De lo que no hay duda es de que lo que ha mejorado mucho es la calidad de sonido en la mezcla y el mastering gracias a la tecnología. Por otra parte, el techno es un género en constante desarrollo. El sonido de hace 10 o 20 años era excepcional, tan innovador… Ahora tal vez es más difícil hacer algo que suene novedoso, porque el mercado está bastante saturado, pero soy de los que creen que uno debe ser siempre original al producir.

¿Hay algún dj de esos tiempos míticos del techno al que admires especialmente?

Me vienen muchos nombres a la cabeza. Detroit al completo, por ejemplo, pero también los djs que contribuyeron a los primeros pasos del techno alemán. Difícil quedarme con un solo nombre, porque cada uno de ellos me ha dado algo que ha configurado lo que soy ahora. Puedo decir no obstante que hace poco trabajé con uno de los principales exponentes del techno-trance alemán, Oliver Lieb.

Construirse una ‘leyenda’ debe de ser mucho más difícil hoy que entonces: mucha más competencia, ningún fenómeno rompedor, más dinero pero menos sorpresa… ¿La escena se ha convertido en algo mucho más funcional y menos emocional que entonces?

Tal vez hay mucho espectáculo en los platos y, a veces, poca sustancia. Con el advenimiento de las redes sociales, lo importante es hacer cosas que atraigan la atención de las personas y la música ha pasado a un segundo plano. Hay mucha competencia, muchos productores y todos los días se publican toneladas de temas, pero, en mi opinión, quien trabaja con calidad siempre acaba ganando. Si la haces con amor, pasión y seriedad, la música te llevará lejos.

¿Qué te hace diferente a ti? ¿Qué tienes tú que los otros no tengan? 

Difícil cuestión, porque no me gusta compararme. Puedo decir que soy alguien que invierte muchas horas en el estudio, que tengo muchas ideas y que he convertido esta pasión en mi trabajo. Me levanto temprano y paro de currar a la hora de la cena. Creo que no cambié cuando me fue mejor y que siempre he respetado a todo el mundo y su trabajo.

Hablando de respetar, Dave Clarke me dijo hace poco en una entrevista que ‘respect’ era aún la palabra más importante en el diccionario de la música electrónica, pero que desafortunadamente muchas personas han perdido ese diccionario. ¿Coincides?

‘Respect’ es la palabra más importante en el diccionario de mi vida. Totalmente de acuerdo con Dave. ‘Respetar’ a algunos payasos que hacen de dj te hace perder la estima por esta profesión, pero djs como Dave te la devuelven, jajaja.

Aparte de un productor muy prolífico, eres un dj muy activo. Cuando se cumplen 10 años desde que empezaste tu carrera, ¿tiene aún la noche secretos para ti? 

La noche está llena de ellos. Es otro mundo, ves cosas que nunca podrías ver de día. El encanto de la libertad nocturna es algo único. Personalmente, la noche me ha hecho comprender un montón de cosas, y me ha enseñado también muchas para vivir el día.

¿La fiesta no se ha merendado el interés por la música? 

Depende de la audiencia y de la situación. He actuado en fiestas donde la gente está atenta a lo que el dj propone y te demuestra su interés. Es verdad que en otras la gente esté más concentrada en descorchar la botella más cara. Odio esas cosas.

¿Tienes un público favorito? ¿Dónde hay más entusiasmo por el techno en 2020?

Todos los públicos tienen su encanto, cambia de país en país, diría que de club en club. Me encanta el público que disfruta bailando, saltando, desatándose. Ver eso te emociona más de lo que pueda hacer cualquier otra cosa en la vida.

Supongo que has visto en televisión esas imágenes de clubes donde el dj hace un set para gente sentada sobre sillas colocadas en el escenario, guardando la preceptiva distancia de seguridad… ¿Considerarías la posibilidad de hacer algo así si el coronavirus nos lo sigue poniendo crudo?

Cuando era muy joven solía hacer sets en cócteles y cosas así. Volver a ese periodo y ese rollo sería una pesadilla. ¡Quiero ver gente bailando, no personas que hacen cualquier otra cosa o ni siguiera escuchan lo que estás poniendo!

Y hablando de pesadillas… ¿alguna reciente que puedas compartir?

Unos ladrones entraban en mi casa y me robaban todo el equipo, los ordenadores y los discos duros con todos mis proyectos.

Por Yiyi Jolie
@JolieYiyi

“Eso del ‘artista torturado’ es una estupidez”

Robert Toher no es underground. Es el underground. Con su proyecto Public Memory, recién publicado cuarto trabajo y a las puertas del quinto este mismo año, el neoyorquino le ha devuelto a la electrónica oscura una honesta suciedad que necesitaba un género que a veces peca de exceso de pulcritud. Public Memory te puede sonar a tal o recordarte a cual, sí, pero es él mismo con un vigor y una honestidad que vamos vamos. Antes de acceder a esta entrevista, Toher puso condiciones y esgrimió razones. Solo hablaríamos de música. Y solo de música hablamos. Aquí, el resultado.

Este año has lanzado tu cuarto trabajo, ‘Illusion of Choice’, un disco de tres temas, lo mismo que el anterior, ‘Veil of Counsel’. ¿Tiene alguna relevancia la elección de este formato?

En mi opinión, la música se lanza aún hoy en un formato anticuado, LP/EP… Creo que eso debería cambiar. Un EP es solo una forma de lanzar una pequeña cantidad de pistas que no encajaban en ningún otro lado. Si por mí fuera, lanzaría algo que tiene una longitud entre LP y EP, y lo haría un poco más frecuentemente. Tal vez 20-25 minutos, álbumes de cinco o seis canciones. Dos veces al año. El problema durante un tiempo fue que era difícil lograr que la prensa se tomara las cosas en serio a menos que fuera oficialmente un ‘LP’, con su consabida extensión. Pero ahora mismo creo que la prensa importa mucho menos de lo que solía. Al final, la percepción de que solo un ‘LP’ merece una atención significativa se desvanecerá. No me malinterpretes: me encanta escuchar álbumes como una experiencia completa. Pero la idea de que o haces algo más largo de 35/40 minutos o tendrá menos importancia es una tontería.

Los tres temas que componen tu nuevo disco: ¿por qué ellos y no otros?

Son canciones para las que no tenía un hogar. El track de apertura, ‘Ledge Of Ash’, es de cuando grabé mi primer álbum ‘Wuthering Drum’ (entre 2014 y 2015). No encajaba en aquel álbum y no he encontrado un sitio apropiado donde incluirlo hasta ahora. Los otros dos temas son más actuales, pero yo sabía que no quería que estuviesen en mi próximo LP (que saldrá este año). Puedes tener canciones que te gustan pero que a veces no funcionan con las otras, y en el caso del nuevo LP yo tenía claro que quería empezar desde cero y usar un equipo y una aproximación diferentes. Así que tenía todo el sentido publicarlas por separado.

Un elemento central en tu música ha sido siempre la fragilidad. Transmitida por tu voz y por muchos elementos del segundo plano. Ahora sin embargo se percibe más energía, todo está delante, la voz, la percusión, más cuerdas, todo está más definido. ¿Son alucinaciones de una periodista o reconoces este proceso de ‘ganancia energética’ en tu música?

Estoy de acuerdo con que la fragilidad es un elemento importante en mi música. Respecto a lo de la energía, no lo veo claro. Tengo la impresión de que mi segundo LP, ‘Demolition’, estaba mucho más lleno de sonido, movimiento, textura, acción… El primero es mucho más minimal. El próximo tendrá una energía diferente a los dos primeros. Creo que las cosas tienen que evolucionar sin parar. Cómo expresas la energía es algo que cambia de álbum a álbum… que es lo que creo que tiene que suceder. 

Leo en una entrevista realizada tras la publicación de ‘Wuthering Drum’ que creaste el sonido de Public Memory muy minuciosamente, minimizando la paleta de sonidos, evitando influencias externas… Estabas muy preocupado en diseñar un sonido propio. ¿Es algo aún prioritario para ti?

Es importante tener mi propia voz y creo que la he desarrollado con el paso del tiempo. Ahora no trato de encontrar un sonido muy diferente, pero sigo desafiándome a mí mismo, así que aprieto las tuercas un poco más. A veces estoy trabajando en un tema y se hace evidente que no será para Public Memory. No es que exista una receta para una canción de PM, pero definitivamente sé cuándo algo NO lo es. Quiero ser fiel a mi sonido, pero también tengo que evolucionar. Así que trato de abordar las cosas de manera diferente y ver hacia dónde conducen. Puedo llevar las cosas bastante lejos en algún momento: hacer un álbum sin instrumentos electrónicos: ¿cómo sonaría eso? O tal vez haga algo que esté más basado en piano / voz / ambiente, o un álbum que se centre principalmente en la percusión…

La mayor parte de las veces no creo en las influencias. Creo que uno hace la música que le sale, y entonces se parecerá más o menos a la que han hecho otros artistas. ¿Hasta qué punto ejerces control sobre lo que creas?

No estoy seguro de que haya una respuesta sólida a esta pregunta. Creo que con todo el arte, si es sincero, las cosas simplemente salen. Si es forzado, imprime una especie de falta de autenticidad en el trabajo. Tal vez sea de forma sutil, pero se puede ver que está muy influenciado por una cosa u otra, o que es simplemente pastiche… En mi caso, tengo que trabajar con mucha libertad, al principio de manera muy abierta. Me gusta dejar que las cosas salgan de forma natural y afinar más adelante. Ahí es donde ejercito el control, la parte más difícil, en realidad. Es necesario revisar, ajustar, pulir, pero es un equilibrio delicado. Si lo trabajas demasiado, el tema se sobrecargará. Demasiado denso, demasiado lleno de ideas diferentes; perderás el hilo. Así que después de un montón de exploración, improvisación, experimentación y tocar mucha música, cuando llega el momento de transformar eso en una canción, existe el peligro de ir demasiado lejos…

¿Cómo es tu relación con el proceso creativo?

Muchos artistas tienden a romantizar sus procesos, para mí, honestamente, no es nada romántico. No se parece en nada a un trance ni a un ritual. Es definitivamente caótico, un lío gigantesco de ideas y notas hasta que en algún momento todo se une. Pero no por arte de magia, o de repente. Se une por la cantidad de trabajo y prueba-error, revisión y ajuste. No pretendo sonar aquí como un artista torturado. De hecho, esa imagen me produce escalofríos. Solo digo que la idea de un músico que vive en un mundo de inspiración mágica, o un torbellino de creatividad, subyugado por el proceso de hacer su propio arte, no es para nada lo mío. Para mí solo se trata de ir a trabajar.

Todo en tu música parece muy medido, incluso cuando es ‘imperfecto’, como en ‘Red Rainbow’, con esa percusión de fondo que es realmente un glitch. ¿Cómo desarrollas instrumentalmente los temas?

Casi siempre empiezo con la percusión. Entonces los elementos graves y después lo demás, sea una idea vocal, otros sintes, elementos percusivos, guitarra… Pero para mí la percusión es lo primero.

¿La creación debe ser ‘verdad’? ¿Tu música eres tú?

No creo que el arte sea siempre, todo el tiempo, ‘uno mismo’. Quiero decir, para algunos probablemente sí. Pero para la mayor parte de la gente, ni siquiera una parte del trabajo es acerca de sí misma. Sería absolutamente agotador y también un poco tonto. Si cada una de mis canciones tratase de una experiencia que he vivido o sobre relaciones que he tenido, sería demasiado para mí. Creo que pongo un montón de experiencias vividas, sueños, recuerdos, imaginación en mi música y mis letras –así que en ese sentido es muy yo–, pero no es el equivalente a un diario personal de experiencias o una representación directa de quién soy personalmente.

¿El sufrimiento va implícito en la creación? ¿Hay masoquismo en el proceso?

No creo que el tipo de ‘sufrimiento’ del que la gente habla sea realmente lo mismo que yo experimento. Si hay algo, es más catarsis que sufrimiento. Para mí, el sufrimiento es tratar de obtener una toma vocal por décima vez y sentirme frustrado porque no logro que mi voz haga lo que quiero. Ese tipo de cosas. Partes del proceso que son tediosas: ese es el ‘sufrimiento’ para mí. El resto es catarsis y sienta bien.

Como decía antes, eso del ‘artista torturado’ es una estupidez. Por supuesto, depende del tipo de arte que uno haga y el propósito tras él. Si tu arte involucra, digamos, justicia social, y/o si es un proceso de curación de cosas que te han sucedido o que le han ocurrido a otros, por supuesto, pero ese no es el tipo de sufrimiento del que estoy hablando. Con lo que tengo problemas es con esa imagen de genio afligido que piensa demasiado bien de sí mismo o de su arte cuando en realidad es solo un cantante grosero de una banda de rock, o una persona que hace pinturas de salpicaduras en su ático caro. Ok, no hay nada malo con el rock o con pintar lo que quieras. Simplemente no te tomes tan en serio que te coloques en un pedestal imaginado donde de alguna manera tú o tu trabajo sois más importantes que cualquier otra persona o su trabajo. Dicho esto, cada cual hace su camino. He hecho mucho mal arte –y mucho mientras me tomaba a mí mismo demasiado en serio-, así que definitivamente entiendo y reconozco que las personas crecen y cambian. Aun así, no hay precisamente escasez de gilipolleces pretenciosas en el mundo del arte, y prefiero bloquearlas.

He leído que al componer las voces primero buscas la musicalidad y después las palabras.

Sí. Encuentro melodías y las sílabas son lo primero que llega, como una respuesta a la música. Después encuentro las palabras. Para mí es una forma más sencilla y natural de trabajar. Soy incapaz de imaginarme escribiendo un puñado de versos y creando música para que encajen. Sin embargo, sí que tengo una lista larga de palabras y frases/pensamientos que me ayuda a generar ideas o títulos de canciones, etc.

Este es tu tercer proyecto musical, los previos fueron en compañía [Eraas y Apse]. A la hora de crear, ¿mejor solo que acompañado?

Disfruto ambas cosas. Ahora mismo prefiero hacer material por mi cuenta y lo más probable es que Public Memory sea siempre mi proyecto en solitario, pero tal vez vuelva a hacer proyectos colaborativos.

En la era de lo textual, el misterio es un activo raro que tú escenificas y gestionas, no solo a través de la música, sino también de elementos visuales, fotos, portadas de álbumes…

Es importante asegurar que tu representación visual está en línea con tu estética, tu gusto, tu proyecto. Y hasta ahí. No intento ser ‘misterioso’, como mucha gente parece pensar. Simplemente no comparto demasiado sobre mi vida personal en redes sociales. Muchas bandas, algunas de ellas con muchos seguidores, las usan para publicar cosas como los macarrones que cenaron… o un sombrero estúpido que se han comprado. Todo por esa pequeña avalancha de dopamina. Oye, las personas pueden publicar lo que les dé la gana, por supuesto. Simplemente yo no estoy interesado en compartir este tipo de cosas. Además, este proyecto nunca ha sido sobre mi cara o mi cuerpo o mi aspecto. Tengo poquísimas fotos de prensa. Por cierto, es una locura lo ridículos que son la mayor parte de los medios cuando te piden “una foto donde se te vea claramente la cara”. Lo piden así constantemente. Uno pensaría que las publicaciones que se dedican a materias artísticas tendrían que entender que tus fotos no tienen por qué ser las que publicaría una revista como ‘People’ o un influencer en su perfil de Instagram. Pero yo ya no discuto. Si no quieren usar las fotos que yo considero que me representan mejor y por eso no escriben sobre mi proyecto, no me importa.

En el vídeo de ‘Lunar’ usas imágenes de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel. ¿Te interesa el trabajo de los surrealistas? 

No es un vídeo oficial. Es de un fan. No tengo un solo vídeo de mis temas. Los pintores surrealistas (y no solo Salvador Dalí) me interesaron mucho en el instituto. Ya no tanto. Ahora me gusta mucho más el surrealismo en el cine, la música y la escritura.

Has dicho de ti que eres una persona nostálgica. Me gustaría saber si eso tiene su representación en términos musicales.

Sí, claro. La música para mí está muy orientada a los recuerdos y también es muy visual. Trato de crear música que procure ese efecto, esperemos que al menos para algunos…

¿Cuáles son tus intereses en música y arte?

Crecí con un gran interés en las artes visuales y de hecho fui a la escuela de arte. También tocaba en bandas punk y experimentales en la escuela secundaria y la universidad, pero lo visual era mi principal interés en aquel momento y donde tenía más talento, diría. Pero la música finalmente se volvió más interesante, un terreno con mucha más profundidad que explorar. No enumeraré artistas o cineastas, pero por supuesto me gusta todo lo que me conmueve, me dice algo sobre mi vida o la de los demás de una manera convincente y/o sincera y/o profunda. Me gustan las imágenes de ensueños, de trasfondo mágico, las que usan la naturaleza y la luz de una manera sutil que transmite emociones intensas. Y en lo que respecta a la música, me encanta el ambient, como Stars of The Lid. Me gusta la música clásica, también la moderna clásica, y los lugares donde esas formas interseccionan con el ambient. Últimamente me va mucho el vaporwave y la forma en que confluye con la nostalgia, el consumerismo/capitalismo y la cultura. También soy un inmenso fan del dub. Me refiero al viejo y bueno. Disfruto otras muchas formas de música, por supuesto, pero estas son las que más me vienen a la cabeza ahora.

No he tenido la suerte de verte actuar en directo (solo en YouTube, y lo que he encontrado no me ha parecido significativo). Escuchando tus discos me imagino a una persona que parece sufrir sobre el escenario, como Thom Yorke o Beth Gibbons. ¿Cómo vives la experiencia de los directos, es importante para ti?

Por desgracia no tengo ningún vídeo bueno. Algunos antiguos y bastante vergonzantes u otros con un audio horrible. En algún momento haré un live en streaming, cuando tenga control sobre el mix de audio. Hice una improvisación recientemente que está en mi canal de YouTube. Habrá más de ese tipo, pero haciendo canciones mías reales. Es muy fácil que la improvisación se vuelva aburrida si todo no está bien preparado. Al menos, para el tipo de música que hago yo. Sí que me siento muy influido por los dos artistas que has mencionado, pero no sufro en el escenario. Eso sí, tengo mucha energía nerviosa tanto dentro como fuera del escenario, así que eso acaba saliendo… Sería una pena estar ahí sin hacer nada. Aunque por otra parte Beth Gibbons no se mueve mucho en el escenario y aún así es tan poderosa…

¿Dejarás la música alguna vez?

¿Cómo saberlo? ¡Ja! Puede que sí, puede que no. De momento no está en mis planes. Aunque, si hablamos de actuar en directo, no me gusta demasiado hacerlo. ¿Que por qué? Porque toda esa cultura de los shows y la noche ya no son para mí. Pero más importante, porque permitirse una buena banda es difícil. En un plano ideal yo estaría creando material para que lo tocasen entre cinco y siete personas en un set de directo. Pero es prácticamente imposible afrontar ese gasto de viajes y pagarle a la gente. Puede que en el futuro, si mi proyecto se hace mucho más popular, cosa que dudo.

Y la última: visto lo visto, ¿me concederás otra entrevista dentro de unos cuantos años, o no quieres volver a saber de mí en la vida?

¡Por supuesto que sí!

Por Yiyi Jolie
@JolieYiyi

“Creo que puedo crear emociones que los humanos no han sentido nunca antes a través de mi trabajo creativo con robots androides”

Hace un par de años tuve la inmensa suerte de ver un raro espectáculo en Matadero Madrid, ‘THE END’, que se vendía como “la primera ópera vocaloid”. Y en efecto, la ópera en cuestión estaba protagonizada por un personaje de dibujo animado creado digitalmente, la ídolo de masas Hatsune Miku, cuya alma es un software de voz desarrollado por la firma Crypton Future Media. El espectáculo, con una puesta en escena a base de pantallas superpuestas y cubriendo todos los planos de la escena, era una reflexión sobre la muerte desde la perspectiva de un ser creado por la tecnología. Insólito, bello y muy perturbador, todavía es posible encontrarlo en YouTube (lo recomiendo encarecidamente). Hablamos con su creador, el músico y compositor Keiichiro Shibuya, un hombre que nunca parece mirar atrás, así que ya navega otros mares futuristas: en concreto, óperas dirigidas por androides.

Quedé absolutamente anonadada con ‘The End’. ¿No existe posibilidad de continuación?

No

Una pena. Después de ese espectáculo, tu energía creativa se ha focalizado en varios proyectos que tienen en común el uso de androides. ¿Qué te llevó hasta ahí?

La Vocaloid Opera ‘THE END’ y la Android Opera ‘Scary Beauty’ tienen una cosa en común: ambas usan la ópera como formato. La ópera es una forma artística típica de Occidente y que es antropocéntrica, con grandes cantantes, directores e intérpretes que celebran mediante el canto el amor y la muerte de la gente. Si yo fuera a hacer eso a la japonesa, preferiría desplazar el punto de vista, apartarlo del ser humano, dejar un hueco en el núcleo. El centro de la ópera en ‘THE END’ es Hatsune Miku, un conjunto de música y visuales creados por ordenador. Por su parte, ‘Scary Beauty’ es una ópera donde tenemos a un androide con inteligencia artificial que actúa como cantante y director de orquesta. Y es una orquesta formada por seres humanos la que tiene que seguirle –lo que expone las relaciones entre las personas y la tecnología en la sociedad–. Creo que la crítica al enfoque humanocéntrico está más clara en ‘Scary Beauty’ que en ‘THE END’.

Es difícil, desde el punto de vista del espectador, confiar en la autonomía del androide. Para todos aquellos que no somos expertos en la materia: ¿cuánto de verdad hay en un androide que dirige una orquesta?

Un androide tiene múltiples programas funcionando al mismo tiempo cuando está dirigiendo una orquesta. Uno de los principales es ‘ALIFE engine’, creado por un profesor de ALIFE de la Universidad de Tokio [Takashi Ikegami, que ha colaborado con Keiichiro durante 15 años] que proporciona autonomía de movimiento al androide. Otro importante es el programa que permite al androide rastrear la música. Pero es este quien determina por sí mismo en qué proporción usar ambos programas.

¿Cómo se trabaja con un robot? ¿Qué significa para un creador?

En esto se basa lo que podemos hacer con los androides: hay algunas cosas que los humanos directamente no podemos hacer. Y otras que sí, otras que requieren más tiempo y esfuerzo. Se avance por un camino o por el otro, los trabajos salidos de la colaboración de humanos y tecnología configuran un nuevo tipo de experiencia emocional. Creo que puedo crear emociones que los humanos nunca han sentido antes a través de mi trabajo creativo con robots androides.

En agosto estrenarás Super Angels, una ópera con niños y un androide. ¿De qué va esto?

Androides y niños es una combinación improbable para una ópera normal. Esta trata de ser una ópera contemporánea que se extiende sobre el formato común de cantantes y orquesta.

Y, más allá, ¿qué otros proyectos tienes en mente?

Uno titulado ‘Heavy Requiem’, que es una colaboración con un monje cantante budista japonés. Lo estrené el año pasado en Ars Electronica y el año que viene me gustaría hacer un tour internacional con él.

¿Estás solo en esta tendencia de investigación? ¿Qué cosas interesantes están sucediendo que impliquen creación y robótica, IA…?

Yo únicamente estoy concentrado en lo que hago, no se me ocurre nada específico que destacar.

Lo confieso, estoy absolutamente enamorada de Japón. Y volveré en cuanto pueda. ¿Qué no debería perderme bajo ninguna circunstancia?

Asumo que no hay una gran diferencia entre las de Japón y otros países, especialmente tras el coronavirus.

Cuestión inevitable: ¿cómo ha afectado a ti y a tus proyectos la crisis del coronavirus?

Como en todas partes, casi todos los espectáculos se han pospuesto al año que viene. Sin embargo, este periodo en casa me ha hecho focalizarme tanto en producir, que ha sido bueno para mí. Tanto, que nunca querría volver a como estaba antes del coronavirus.

En cualquier caso, te agradecería alguna pista para seducir la inteligencia de un hombre japonés. ¿O sería mejor que lo intentara con un androide?

Los hombres japoneses son en general muy indecisos, por lo que creo que sería mejor para ti que tomes tú todas las decisiones. Pese a todo, sería más fácil seducir a un humano que a un androide [risas].

Por Yiyi Jolie
@JolieYiyi