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“Al principio, la creación me hacía sufrir mucho. Era un sufrimiento extremo”

De su último disco, el autoeditado ‘Porvenir’, la crítica musical que aún sobrevive apostó que podía ser el mejor álbum del año. Y es que es soberbio. Lo que hace Sole Parody es un trabajo de una compleja originalidad, donde constantemente pone a prueba la mezcla de electrónica exquisita y voces enraizadas en el folclore. Ella ha logrado que semejante matrimonio funcione y emocione, te guste o no la música de raíz. Hablamos con esta artista total, que también es fotógrafa y por supuesto poeta, sobre producción y procesos creativos (felicidad y dolor incluidos).

Lo primero: ¿cómo estás? ¿Dónde te pilló el ‘estallido’ y cómo has llevado el confinamiento? ¿Ha sido inspirador o desesperante?

Me pilló en casa, en Madrid. El confinamiento ha tenido de todo, pero en general ha sido un viajazo interior… He estado bastante improductiva, en el mejor sentido. Parálisis por fuera y gran movimiento por dentro. Supongo que entre inspirador o desesperante, inspirador, pero una inspiración con delay, que probablemente note más adelante. 

Tu último disco es de 2019, ‘Porvenir’, justo hace un año. ¿Estabas trabajando en nuevo material? ¿Hay disco de Le Parody a la vista?

¡Qué va! Yo soy muy lenta para sacar algo nuevo. Y siento que ‘Porvenir’ apenas acababa de nacer. Normalmente espero a haber aprendido nuevas cosas (a nivel musical y de producción) y a tener algo nuevo que contar, para ponerme a hacer algo. No me gusta repetir fórmulas, me aburriría.  

Me intriga tu forma de trabajar. ¿Trabajas sola? ¿Produces, mezclas…?

Trabajo sola pero con muchas colaboraciones, y en la mezcla final hasta ahora siempre he sacado el trabajo a algún otro ingeniero o productor, porque hacer un disco me supone pasar muchísimas horas, semanas, incluso meses escuchando lo mismo, y creo que el oído al final se envicia y que es bueno que oídos externos den el último toque. Aunque quizás sea algo que cambie en el futuro y acabe por encargarme yo de la mezcla también, ahora que voy cogiendo experiencia en producción. También me gusta ir mostrando el trabajo a amigos y músicos conocidos cuando aún está a medio hacer. Cuantos más puntos de vista, mejor.

En ‘Porvenir’ hay una propuesta electrónica muy avanzada, pero la parte que es música ‘de raíz’ está perfectamente delimitada. Es como si estuviese dentro de una burbuja, y todo lo demás lo envolviese suavemente, sin ‘perturbarla’. ¿Cómo haces ese trabajo?  

La verdad es que es un proceso que tengo tan naturalizado que me resulta difícil de explicar. En general empiezo por la electrónica, pero enseguida se me vienen melodías a la memoria… Y en mi memoria hay mucho folclore, supongo. Me gusta la definición que haces de la burbuja, porque yo creo que el juego es precisamente no tratar de fusionar nada. Casi toda la carga de la electrónica está en la base musical, y casi todo lo popular o folclórico en la voz, luego cada parte se contamina un poco de la otra, claro: la voz queda encajada en la rejilla rígida del beat, y la melodía a la que tienden las bases se hace un poco pop… Pero no sabría decirte el mecanismo exacto. Voy tocando, voy probando, y donde creo que suena bien, paro.

¿Cómo llegaste a esta conjunción? Tengo la impresión de que hay un proceso en tu música que te lleva cada vez más a las profundidades de una electrónica elegante y experimental, pero sin abandonar los rasgos del carácter que te atribuyes. 

Todo empezó de una forma quizás un poco naif, a mí me parecía que cualquier instrumento y cualquier idioma valían para hacer cualquier tipo de música. Siempre me hace mucha gracia contar que yo al principio quería hacer algo que sonara como los Arcade Fire o como Tune Yards, que era la música que escuchaba en ese momento. Y, bueno, escuchas ‘Cásala’ [autoeditado, 2014]… y ya te darás cuenta de que nada que ver. Partí de una premisa práctica: hacer música con instrumentos pequeños, para poder viajar cómoda si tocaba por ahí. Y también quería que se pudiera bailar, y desde siempre me gusta hacer beats, por eso metí el sampler desde el principio. Entonces me di cuenta de que las herramientas marcan absolutamente lo que haces. Si metes un ukelele, la música va a sonar de determinada manera. Y no digamos ya el idioma y el acento [es malagueña aunque criada en Granada]. Ya el solo hecho de cantar en español y con el acento que tengo al hablar, la música se orienta a una dirección muy concreta. No sé si debería o no debería ser así, pero así es. En el segundo disco [‘Hondo’, 2015] quise aprovechar eso conscientemente. Hice un álbum que está un 90% construido a partir de samples, para traer todos esos lugares y esos sonidos a mi música, que me parecían lugares importantes para la propia historia del folclore de Andalucía, que es en el que me crié. Entre el sampleo y el beatmaking me fui metiendo más en la parte electrónica y en el tercer disco [‘Porvenir’] ha tenido mucho peso empezar a pensar las bases y las dinámicas de una forma más autónoma. A mí me gustaría en algún momento hacer música de baile, algo más cercano al techno, que es lo que más me gusta. Quizás tenga que formar parte de otro proyecto, porque no sé si ahí cabría la voz, que por ahora es parte fundamental de Le Parody.

Destaca en tu música el tratamiento de las voces y su producción. ¿Larga vida al vocoder?

Bueno no es exactamente un vocoder, yo uso un armonizador, de un aparato muy concreto, el TC Helicon Voice Live Touch, que creo que se ha dejado de fabricar… Así que ese efecto tendrá que morir en algún momento, como casi todo lo que hago últimamente, que depende de máquinas analógicas que en algún momento dejarán de funcionar… De todas formas, volviendo a las voces, siempre les hemos dado mucha importancia y en el último disco fue lo que más tiempo ocupó. Lo digo en plural porque ahí siempre cuento con César Berzal, un productor amigo con el que grabo y trabajo toda esa parte. Podemos pasarnos días hasta dar con un efecto que nos gusta, o editando las palabras casi fonema a fonema hasta que nos suenan bien… 

Lo que haces es algo… único. Por mucho que se me ocurra que tiene que ver con lo que hace Rosalía en más de un sentido (hablo de la Rosalía de ‘El mal querer’), lo que tú cultivas es difícil de encontrar en otros jardines. ¿Esta singularidad te ha complicado la vida?

Pues no sé cómo sería mi vida si hiciera algo menos singular. Tampoco es que fuera mi intención hacerlo. Yo cuando estoy haciendo música la hago que me guste a mí, pero siempre pienso que, como me gusta a mí, le puede gustar a más gente. Y no lo sé, supongo que por un lado te da, y por otro te quita. Yo no puedo adaptar mi estilo a lo que creo que se pueda llevar más, no soy capaz. Así que nunca podré averiguar cómo sería si lo hiciera distinto. 

¿Cuánto te hace sufrir? La creación, quiero decir.

Al principio, mucho. Era un sufrimiento extremo. Por ejemplo, cuando terminé de componer ‘Hondo’ me metí en tal pozo de inseguridad que casi no lo publico. Pero ‘Porvenir’ no lo he sufrido nada, fue un disfrute total. Salvo los típicos atascos de no saber para dónde tirar con un tema. Y aun ahí eran atascos técnicos o estéticos que resolvía sin sufrir. Todo depende de cómo esté una y llevo ya unos con buena salud mental, crear sin sufrimiento es lo mejor que hay, es como jugar. 

Aparte de vivir de su trabajo, ¿lo que más anhela un artista, aún hoy, es ser comprendido?

No lo sé, no lo sé… Yo cada vez tengo menos ego puesto ahí… Al principio sí que me hacía fantasías e ilusiones de grandes éxitos y repercusiones… A medida que me voy dedicando más a esto eso me da cada vez más igual. Yo lo que anhelo es poder seguir haciéndolo, porque es el oficio que más me gusta, hacer música, hacer fiestas. Que siga siendo sostenible, que no me tenga que buscar alguna cosa fea que hacer para ganar dinero que me quite tiempo de vivir… Esa es mi única preocupación.  

¿Alguna vez te has dicho a ti misma que dejabas la música para siempre?

Pues alguna vez en alguna rabieta en algún momento difícil seguro que lo he dicho. Pero no la música, sino dedicarme a la música. Yo no creo que vaya a dejar nunca de hacer música. Llevo haciendo música desde que tengo memoria. Con juguetes, con una guitarra, con un sampler, con un ordenador… No me imagino que en algún momento pueda parar y no vuelvan a entrarme ganas de cantar o de tocar algo.

Si la actividad se reactiva alguna vez te veremos actuar en algún momento del segundo semestre del año?

¡Sí! Si todo va bien, tengo una agenda bien repleta en otoño… Casi todo lo que tenía en primavera se ha aplazado a septiembre, octubre y noviembre. Crucemos los dedos. Iré anunciándolo todo cuando se pueda. Me podéis seguir en redes como @leparody y ahí voy actualizándolo todo.

Por Yiyi Jolie
@JolieYiyi