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Con su single «A Matter Of Time«, Dillon envió un preludio maravillosamente frágil como adelanto de su segundo álbum «The Unknown» (comentado en Transistora). El 20 de junio publica a través de BPitch Control un EP de remixes de ese single y ha contado con cuatro maestros de la escena para que le pongan las manos encima: Marcel Dettmann, Anstam, Planningtorock y Monokle.

Janine Rostron, alias Planningtorock, manipula la voz de Dillon de una manera similar a sus propias producciones, dándole una amplitud casi sin género.El residente del mítico Berghain de Berlín, Marcel Dettmann, extiende inicialmente la voz de Dillon, la estela industrial ofrece un espacio para un bucle crudo, primitivo y sucio. Anstam, cercano a Modeselektor, aplica su sonido marca de la casa. Y por último, el productor ruso Monokle comienza su remix como una pieza ambient, antes de que los breakbeats aporreen la puerta.

Sin duda, un curioso catálogo de remixes para una artista en principio muy delicada, que no parece mostrar ningún prejuicio a la hora de contar con un arriesgado grupo de colaboradores.

Artista: Dillon
Álbum: The Unknown
Label: BPitch Control

Piel de gallina

Hay una zona en la feminidad que es insondable para los hombres. Un enigma que, pese a todo el esfuerzo depositado en la tarea, nos resulta imposible de resolver. De un modo innato, desde nuestro corazón ignífugo, damos por hecho el fracaso al intentar compartir toda su naturaleza salvaje. Injustamente, optamos por contemplarlo desde lejos, como algo exótico y desquiciante. Toda esa emotividad parece no corresponderse con nuestra química a la hora de sentir y razonar. Tal vez esa ceguera sea uno de los motivos de muchas otras formas de incomprensión que sellan un distanciamiento sin esperanza.

The Unknown es un ejemplo exquisito de esa sensibilidad abrumadora. Escucharlo induce a una suerte de pudor, como si descubriésemos por accidente una persona desnuda tras la puerta que acabamos de abrir. Aquí está muy presente esa motivación sufrida y terapéutica que lleva a algunos artistas a mostrar públicamente su cara más introspectiva, su lado más íntimo y quebradizo, buscando el consuelo de una redención. Para sanar emocionalmente, o simplemente para crecer como personas, tal vez no haya otro camino que cultivar flores sobre todo ese humus de amarguras y desconcierto. Tejer algo bello con los miedos y las inseguridades, con los deseos y la imposibilidad de satisfacerlos.

En su disco debut The Silence Kills, del 2011, a Dominique Dillon de Byington le bastaba su voz desgarradora al piano para proyectar su plegaria al cielo y a los infiernos. En The Unknown, la electrónica modula esa base cruda con unos arreglos profundos y, al mismo tiempo, sutiles, que ahondan en la gravedad de un lamento sin victimismo. Hay algo fascinantemente vivo en la simplicidad, frescura e imperfecciones de esta música; que, en realidad, no pretende ser un álbum triste. Es difícil escucharlo al completo sin conmoverse.

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