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Kafka enamorado

El 23 de agosto de 2009 Radiohead dieron su único concierto en Praga. Thom Yorke solo se dirigió al público una vez, para dedicar el tema Pyramid Song a Franz Kafka. Nadie pudo interpretar un mensaje premonitorio en la suma Yorke + Kafka + Praga, coincidencia que se repetiría en forma de cortometraje musical una década más tarde.

Antes de Anima”, Paul Thomas Anderson y Thom Yorke ya habían hecho cosas juntos. Cada vez que colaboran, dan un salto cualitativo que mejora sus puntos de encuentro y eleva el listón un poco más alto. En “Anima”, una forma muy especial de entender el cine (Anderson) y una forma muy especial de entender la música (Yorke) se funden para crear una maravillosa articulación de ambos lenguajes. Sus sensibilidades personales encajan perfectamente en una poética audiovisual de enorme belleza.

Hay una secuencia en el film “Magnolia” que demuestra la singular relación del cine de Anderson con la música. En ella, los personajes conectan sus respectivas soledades en mitad de la noche, cantando a coro el tema Wise Up de Aimee Mann. Como ocurre en los musicales o en los videoclips, la melodía no se limita crear ambiente o dar ritmo a la escena, sino que penetra en la narración con un protagonismo inesperado.

Desde el comienzo de su carrera, Anderson está familiarizado con el formato del videoclip. Entre otros títulos, es el realizador del fabuloso Daydreamers de Radiohead y del Ingenue de Atoms for Peace (donde, por cierto, ya bailaron juntos Thom Yorke y Dajana Roncione, protagonistas de “Anima”). Por su parte, Yorke ya sabe lo que significa aparecer en los créditos de una película. El año pasado firmó la banda sonora de “Suspiria”, el terrorífico film de Luca Guadagnino.

En numerosas ocasiones, las canciones de Radiohead han sonado en el cine. Hace tres años, les encargaron crear el tema principal de «Spectre» y aportar así su prestigio a la saga de James Bond, pero el corte definitivo no debió gustar y fue rechazado en el último momento a favor de Sam Smith -quien, por cierto, preguntado por el asunto en rueda de prensa tras recibir el Globo de Oro a la Mejor Canción, dijo no saber quién era Thom Yorke-. Días antes del estreno del último 007, Radiohead regaló a sus fans su Spectre particular en descarga gratuita.

Jonny Greenwood fue el primer miembro de Radiohead en componer bandas sonoras. Se estrenó en 2003 con el documental “Bodysong”. Anderson, declarado fan incondicional de Radiohead, estuvo en la premiere de la cinta y quedó fascinado con la música que contenía. Decidió encargarle a Jonny la BSO de la película que estaba preparando, Pozos de ambición”. Greenwood aceptó y, desde ese momento, ha firmado la música de todos los films de Anderson. Jonny fue el responsable del feliz encuentro entre Thom Yorke y Paul Thomas Anderson, que enseguida unieron sus talentos en una admiración mutua.

Aunque podría darnos la impresión de que el corto «Anima» viene a ilustrar el disco homónimo, hay que tratar la película como una obra de arte exenta. Sus 15 minutos de metraje seleccionan tres temas muy concretos del disco, para engarzarlos en una historia intencionadamente nueva. Con su estructura, Anderson arma un relato optimista y esperanzador, que disipa la tristeza inherente del disco de Yorke, transformando su amargura existencial en una ópera kafkiana con final feliz.

Rodado en localizaciones excepcionales -el metro de Praga, de diseño soviético, y en la sobrenatural Cantera de Lumières en Francia-, “Anima” lleva a una escala épica la música introspectiva de Yorke. No hay diálogos que seguir, solo música y danza. La coreografía es de Damien Jalet -autor también de la de “Suspiria”– quien dice haberse inspirado en los movimientos mecánicos de Charles Chaplin en “Tiempos Modernos” . Por momentos, recuerda las rutinas de baile de Pina Bausch, que convertía los gestos cotidianos (como dormitar, resbalar, despertar, sobresaltarse y vuelta a empezar) en material para secuencias en bucle.

La estética visual, como los uniformes de trabajo de los bailarines, es deudora de la película “1984” de Michael Radford y la novela de Orwell. En “Anima” podemos ver la influencia del cine mudo en las expresiones de Yorke, que gesticula como un personaje de “El Gabinete del Dr. Caligari” o en las secuencias levemente aceleradas que reproducen el ritmo nervioso de las antiguas cámaras de arrastre manual. La iluminación dramática, con frecuentes contraluces y proyecciones sobre los muros, o los planos inclinados que alteran la orientación en el espacio ya estaban presentes en el estilo del expresionismo alemán, la animación checa y los espectáculos audiovisuales de la Laterna Magika de Praga.

Sorprendentemente, “Anima” es una coproducción de Netflix, alojada en su nueva política de creación de contenidos, que busca diversificar los temas y enfoques, para dar cabida a proyectos más arriesgados de carácter artístico. Está disponible desde el 27 de junio en su plataforma. Un espectáculo excepcional que merece la pena ver con atención.