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Una cabaña en el bosque

Anders Trentemøller supo que iba a ser padre mientras preparaba su sexto álbum de estudio. La buena noticia modificó sus planes sobre el proyecto, descartando una larga gira que lo alejase de casa en tan importante momento de su vida. El músico danés dice haberse sentido libre para desarrollar los temas de “Obverse” sin preocuparse por su formato en directo, pudiendo dedicarle más atención a los arreglos y a una producción incondicionada.

Aunque tenía previsto un disco instrumental, todavía más cinematográfico que este, el autor reconoce que algunos temas le pedían voces. Rachel Gosewll (cantante de Slowdive), Lina Tullgren, Lisbeth Fritze y Jennylee (bajista de Warpaint) son las vocalistas con las que colaboró en esta ocasión. Ellas no se han limitado a interpretar las letras de las canciones, sino que se han ocupado de escribir su propia lírica.

El profundo sonido Trentemøller es inconfundible, fronterizo entre lo digital y lo analógico -aunque el peso de lo orgánico es cada vez mayor-, con frecuencia recuerda a las bandas que admira (a The Cure, Joy Division o New Order) aunque desde una perspectiva complemente personal, donde las guitarras y los sintetizadores conviven en una atmósfera misteriosa. Buscando efectos nuevos, coquetea con metodologías poco ortodoxas. A Trentemøller le gusta grabar en cinta, fascinado por la textura rugosa y el efecto velado que confiere al sonido. No hay que dejarse engañar si el resultado a veces parece demasiado informal, Trentemøller es muy meticuloso en todas las fases de creación.

“Obverse” es monócromo, como una película en blanco y negro altamente contrastada, sin grises intermedios, en gráficas entramadas. Oscuro y, a la vez, brillante. Por momentos cegador. Está lleno de diminutas sutilezas que se descubren tras varias escuchas, una delicia para atender en reposo con auriculares. Los momentos íntimos se abren el melodías épicas, cambiando de escala a todas horas, arrastrándonos en un paseo nocturno por el bosque, apartando ramas, escalando crestas húmedas y adentrándonos en cavernas.

Artista: Trentemøller
Album: Into the great wide yonder
Label: In my Room

Top model shooting Las Vegas

Cuando América es observada desde una óptica europea, como la de Wim Wenders cuando hacía buenas películas, el color del mito se satura en alto contraste. Este es un disco para que superhéroes Marvel se batan en azoteas de rascacielos, para que streeper cowgirls dancen en el campo de tiro, para que la ola gigante del Pacífico alcance Pasadena.

Es atractivo desde la primera escucha. Tan atractivo que suscita sospechas. ¿Qué tiene de malo? ¿Dónde está el truco? ¿Por qué contenerse a la fatalidad de su magnetismo? Cada vez encontrarás un nuevo pretexto para dejarte atrapar (soporta espléndidamente todo análisis pormenorizado al que sea sometido). Cada vez encontrarás asombrosos rincones nuevos en este rancho del Gran Cañón.

Donde cualquier mortal habría sucumbido al ridículo, nuestro chico deslumbra. ¿Para qué tanto twang de guitarra en un disco de electrónica? El a priori batiburrillo de influencias (desde el techno más oscuro al surf, desde el minimal al folk romántico) cuadra perfectamente. ¿Cómo es posible que cuadre perfectamente? No ha habido contención al soltar la mano. Ha querido ponerle todo a la pizza. Los puñados de ingredientes antagónicos vuelan sobre la mesa de la cocina. Es groseramente sutil, atrevidamente historicista, oscuramente fresco. Es sorprendentemente familiar, exultante e irresistible.

Ignoramos si aquellos que consideran que Trentemøller es un híbrido efectista y vacuo, que diseña música para críos que hacen deporte de aventura antes de salir a la pista de baile, cambiarán de opinión después de esto. Nadie podrá, sin embargo, tacharlo de cobarde.

www.anderstrentemoller.com