Grace Jones curará la edición del próximo año del Festival Meltdown, que tendrá lugar en el Southbank Centre de Londres del 12 al 21 de junio de 2020.

«Me siento honrada de ser la comisaria del festival Meltdown del próximo año. Año tras año, el festival continúa extendiendo sus alas coloridas, lo que permite a sus comisarios reunir una variedad de talentos diversos que no se ven en ningún otro lugar. Además, cariño, ya era hora que me pidieran curar Meltdown, ¿no te parece?»

Siguiendo los pasos de sus predecesores Yoko Ono, M.I.A., David Byrne y, más recientemente, Nile Rodgers, Grace Jones creará un programa único de artistas seleccionados a mano por un icono universal como es ella.

La cita de 2020 del Meltdown marcará el regreso al festival para la diva, que en 2007 compartió cartel con Nick Cave, Shane MacGowan, Pete Doherty y Jarvis Cocker para cantar temas de Disney, formando parte de la selección artística del propio Jarvis Cocker, comisario de esa edición.

Los primeros actos se anunciarán a principios del próximo año. Para obtener más información sobre el evento, visita la sitio web de Southbank Centre. Los miembros recibirán reservas prioritarias para todos los eventos de Southbank, incluido Meltdown.

Fotografía: Joséphine Michel
Música: Mika Vainio
Texto: Jeremy Millar
Dirección de arte: Jon Wozencroft
Formato: libro de 100 páginas más un cd (no disponible como descarga digital)
Fecha de lanzamiento: 1 de noviembre de 2019
Masterizado por: Russell Haswell
Publicado por: Touch Music / Fairwood Music UK Ltd.
Grabado en directo en el festival ContraPop, Ramsgate (Reino Unido) el 21 de agosto de 2016
Disponible en Bandcamp aquí.

Tracklist

  • Mika Vainio – Live at Contra Pop, Ramsgate 57:27

The Heat Equation es un libro de 100 páginas más un cd que muestra nuevo trabajo fotográfico de Joséphine Michel junto a una grabación en vivo de la actuación final de Mika Vainio en ContraPop Festival (Reino Unido), con todo el material nuevo que iba a ser publicado en un CD en solitario para el sello Touch.

Después de su colaboración anterior en Halfway to White (Touch # FOLIO 001, 2015), Michel y Vainio habían planeado una segunda producción, y en marzo de 2017, Michel visitó a Vainio en Oslo para mostrarle los primeros ejemplos de las fotografías que había estado tomando para este propósito. Incluido en el libro, como una postal, está el tierno retrato de Mika Vainio que Michel le hizo en esa reunión.

Poco antes de la prematura muerte de Mika en abril de 2017, el proyecto dio un giro inesperado. Las grabaciones para el nuevo álbum de Touch estaban a punto de finalizar, pero su secuenciador se rompió y el proyecto necesitaba reiniciarse. La colaboración se convirtió en una exploración complementaria entre las fotografías casi científicas y líricas de Michel, la percepción de un mundo al borde del descubrimiento, ya sea nacido de la física, la medicina o los viajes espaciales, y el legado de la visión musical de Vainio, con su vasto imaginario de la materia, y su tensión entre el calor y la precisión helada.

Las fotografías y la música interactúan a través de una variedad de ambientes, donde el microcosmos y el macrocosmos, lo animado y lo inanimado, lo telúrico y lo cósmico coexisten. Y, a veces, se fusionan.

En agosto de 2016, Vainio realizó un set absolutamente deslumbrante en el festival bianual Contra Pop en Ramsgate (Reino Unido) que se grabó para el siguiente CD recopilatorio anual del festival. Sin embargo, no fue hasta junio de 2018 que los organizadores del festival se pusieron en contacto con Touch para presentarles la idea de una compilación. En ese momento, casi milagrosamente, todo encajó. El contrapunto de Vainio al trabajo de Michel se materializó en la forma de esta grabación en vivo del festival. Masterizada por Russell Haswell, la nueva música de Mika Vainio tiene el mismo sonido como todo lo que publicó en vida.

The Heat Equation está encuadernado en una cubierta de lino con aluminio y la fotografía de Michel está impresa en Seda Ártica de 200 gr. Se lanza únicamente una edición de 750 copias, acompañada de un texto introductorio del artista Jeremy Millar, «The Devouring Drop». La dirección de arte es de Jon Wozencroft y el proyecto es la última referencia en la nueva serie de «ear books» de Touch.

Preview

Carta abierta a Ernesto Castro, autor de «El Trap. Filosofía millennial para la crisis en España» Ed. Errata Naturae.

Querido Ernesto,

Vaya por delante que no me gusta el trap. No me gustaba antes de que cayera en mis manos tu libro y sigue sin gustarme ahora, pese a mis ímprobos (o eso considero yo) esfuerzos por abrazarlo, los tímpanos al asunto en Spotify mientras avanzaba en la lectura. Pero el caso es que, nada más ver la portada y leer el título, me sentí en deuda. Con el trap. Y conmigo, venga, vale. La vida pasa, nos vamos haciendo viejos (decía Pablo Milanés, al que en mi adolescencia llamábamos cariñosamente Pablo Amuermamé) y de repente un buen día una se siente desahuciada. Exilada de la órbita de la vida. Sin saber de qué va el asunto. Así que igual, si entiendo qué es el trap, resucito. O recupero el buen color al menos.

Ya el prólogo me resultó supersexi, porque me llenó de confusión y, donde hay confusión, hay alegría: “La mayoría de los músicos españoles que parece hacer trap (¿C Tangana?, ¿Bad Gyal?, ¿Rosalía?, ¿Pimp Flaco?) en verdad no hace trap sino algo vagamente denominado ‘música urbana’”. Al pasar la página, el regocijo se me vino aún más arriba con lo que parecía ser una declaración de intenciones inversa: “Lamentablemente, a esto ha quedado reducida buena parte de la prensa musical de este país: a un ‘name dropping’ endogámico en el que es más importante conocer el nombre del hermano del primo del manager del grupo de moda que tener una tesis o hipótesis que defender acerca de la música de la que se habla”. Bien. Eso significa que tú no piensas hacer lo mismo. Nada de ‘name dropping’, nada de genealogías en plan ‘Mabinogion’ (ya sabes: “Kreiddylat, hija de Lludd Llaw Ereint, esposa de Gwythyr, hijo de Gridiawl…“).

Y es entonces cuando metes espuelas a tu tesis, la que alimenta las siguientes 400 páginas del libro editado por Errata Naturae: “El trap ha sido la banda sonora de la crisis en España (una crisis que ha sido principalmente económica, pero también social, cultural y generacional (…). El trap ha sido la TVE de los jóvenes empobrecidos y precarizados a finales de 2010”. Después de esto, ¿cómo no te voy a querer? No por la tesis en concreto, que a estas alturas del libro sólo te ha dado tiempo de enunciarla, sino porque me produce ternura que vayas a meter tus garritas filosóficas en un barro donde prácticamente nadie había visto antes más que… barro (aunque sea un barro estupendo, ¿eh? Esto es como cuando Rosalía se asombraba del ‘sobreanálisis’ que le hizo de ‘El mal querer’ el youtuber Jaime Altozano. El que observa suele ver mucho más en la creación que el propio creador). Y entonces llego a las líneas donde explicas que has reconstruido la trayectoria musical de C. Tangana “partiendo de un esquema teológico: el de la historia de las religiones” y ahí ya solo me queda una cosa por hacer:

Ernesto Castro, ¿te quieres casar conmigo?

¡Y solo vamos por la página 16.!

No me gusta el trap, como no me gusta la rumba ni el jazz, pero me encanta el libro que has escrito sobre el trap, vivificante como un peeling japonés. Por tu exuberante pluma y tu exhibicionismo erudito, tan dolorosamente escaso. Y también por lo en serio que pareces tomártelo todo, y las herramientas que me das para atender a algo más allá de cómo rime “tu coño es mi droga, tengo baking soda / Vamo’ a cocinar to’ eso mama, vamo’ a hacer dollar / Me tiene jukiao como pajarico / Me tiene engancha’o como paco pico…” (‘Tu Coño Es Mi Droga’, PXXR GVNG).

Desde lo escurridiza que al parecer resulta la descripción de los límites del estilo, hasta el concepto de dignidad en C. Tangana, el libro avanza por la senda trapera con ese estilo tan típicamente yanqui de hacer divulgación gozosa de hasta el tema más ladrillo: una tesis por aquí, una digresión culta por allá, una anécdota para rebajar la tensión, un diálogo, una nota al pie sesuda… sale Barthes y sale Broncano, vamos. A veces, eso sí, te pones un poco presumidín, como cuando escribes que en tus clases de Historia del Arte has acuñado el concepto de “ley de la obsolescencia artística” según la cual “los productos artesanales, tecnológicos o de entretenimiento se convierten en artísticos en el momento en que devienen obsoletos”. A estas alturas, lo que tú digas, Ernesto.

Toneladas de documentación salen por los poros del volumen, a veces, reconócelo, en plan gota fría, en una sucesión de eventos narrativos que te llevan de un lado a otro de la historia y el tiempo, de los géneros o de las disciplinas académicas. Como cuando estás hablando de Nathy Peluso y de repente aparece Britney Spears en boca de alguien y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, nos dices que “yo quisiera romper una lanza a favor de Britney Spears, ya que fue justamente lo prefabricada que estaba su imagen lo que volvió tan elocuente y revelador acerca del mundo en que vivimos el momento en que se derrumbó a base de raparse el pelo al cero, liarse a paraguazos con un periodista y provocar uno de los primeros memes de la web 2.0 (Leave Britney Alone)» . Postrap, vaporwave, flamencamp, retrofolk, fusiones, secesiones, apropiacionismos, pero también la Duquesa de Alba, el piernicidio de Jiménez Losantos, la memoria histórica, el feminismo, los arquetipos, la política y todos los nombres, claro, todos los actores importantes de esta historia, desde Cecilio G a Yung Beef, lo que dijeron en las entrevistas que dieron, las letras que escribieron y las broncas que los separaron.

Y llegas al final del libro y me sales con que “yo ya he reconocido que no me he drogado ni he follado escuchando trap. Un lector poco caritativo podría llegar a la conclusión de que escucho trap justamente porque ni me drogo ni follo y busco una compensación o una evasión de mi gris existencia. Yo, por supuesto, no comparto este tipo de teorías psicoanalíticas, porque, como se ha visto a lo largo de este outro soy más lacaniano que freudiano”. Te gustas. Está claro.

Pero a mí también. Así que no hay nada más que hablar.

María Marble.