Artista: SILICONE SOUL
Album: Darkroom Dubs Vol. 03
Label: Darkroom Dubs

Me pone tu rollo

Seamos francos. Cuando tienes que hablar sobre electrónica, normalmente está mejor visto tratar discos complejos y atormentados. Además, parece que cuanto más extraña sea la manera de describirla y más enrevesada resulte su comprensión, más gustará a la audiencia. Nos hemos ido adentrando en cubículos sombríos donde no cabe la luz del sol. Sin embargo, hay ocasiones en que estas pautas no son necesarias. El disco que comentamos hoy nos reconcilia con la música menos agresiva y de mejor cara, esa que normalmente dejamos en segundo plano, y viene a ponernos los pies sobre la tierra.

El sello Darkroom Dubs celebra su décimo aniversario con una retrospectiva seleccionada, mezclada y compilada por sus dueños, el dúo Silicone Soul. Ocupando un lugar destacado en el atestado circuito de la música de baile, Craig Morrison y Graeme Reedie nos ofrecen una muestra del sonido que siempre les ha atraído, totalmente ajenos a la escena electrónica habitual. Que no cunda el pánico si hablamos del House. Sí, esa parte proscrita de la música complaciente, dócil, sumisa, de sustancia blanda y saludable ¿Deberíamos rasgarnos las vestiduras al solo intuir que alguien pretende tomarla en serio?

Olvidamos demasiado fácilmente que el House, del mismo modo la electrónica misma, entendida como un universo de géneros, tiene grandes cualidades y no limita sus pretensiones a parecer sexy sin mayor ambición. Más bien al contrario. Con rigor musical y sentido estético abierto, el House puede ofrecer música igualmente contundente, oscura, grasienta y canalla como la que más. Darkroom Dubs Vol.03 te lo demuestra a la brava, mediante su intenso bagaje cultural, adherido durante toda una década, con una declaración de intenciones. Están más que preparados para otros diez años inmersos en la música electrónica de baile, la llamen como la llamen.
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Artista: CHRISTEENE
Album: Waste Up, Kneez Down
Label: Autoeditado

La hija bastarda

La música gangsta ha coronado una cumbre inesperada. Las canciones más desvergonzadas que hayas podido imaginar en un envoltorio heterogéneo, que va desde el electro más irreverente, hasta guiños de acid techno y baladas cabareteras. Bienvenidos al musical bastardo de Christeene.

Estamos acostumbrados a la música de restregones. Las divas malotas del mainstream llevan mucho tiempo peleándose entre ellas por encumbrarse en un podio lleno de contradicciones. Es un trono reservado a una lucha de género, que entiende el feminismo como la claudicación de la mujer a las estrategias del hombre, donde la provocación sexual tensa permanentemente el límite de lo que la sociedad está dispuesta a permitir. Toda una generación de artistas malotas ha basado su atractivo en golpes de cadera y arañazos de pezón.

La actitud escénica de aparentar abiertamente ser una zorra nunca ha estado reñida con una supuesta distinción glamurosa. Parece que la feminidad extrema del erotismo no corre peligro alguno de malinterpretación cuando está arropada por la lencería chic de las pin up. Hemos aprendido a aceptar la emancipación de las mujeres desde el reducto que les prestan los hombres, pero una tía no puede ir más allá sin suscitar una ruptura completa del sistema. Pues bien, aquí llega un ideólogo que hace saltar todo por los aires: Christeene (Paul Soileau).

Hablamos de algo absolutamente salvaje, un terrorífico caso de radicalidad, una deslenguada que no se corta un pelo, carne underground en estado puro. El descaro ha dado forma a otra vuelta de tuerca donde ya nadie esperaba nada nuevo. No hay más que echar un vistazo a sus vídeos o tener la suerte de verla sobre un escenario. Con aspecto de haber sido violada por todos los osos de un cuarto oscuro, bebiéndose los culos de los cubatas que encuentra mientras se pregunta ¿adónde se han ido los chicos?

Premeditadamente sucia y rastrera, estamos ante el activismo perturbador de un performer cargado de lecciones sobre todo aquello que aun no estamos listos para soportar. Es una pesadilla que viene a despertarnos a hostia limpia y que posiblemente haya recibido algún botellazo en Texas. Es fácil alucinar en el shock y quedarse en la superficialidad del fenómeno, pero aquí hay más sustancia. Algo auténtico y revulsivo. Cuando un artista se detiene a pensar en qué dirección encaminará su carrera, Christeene nunca puede ser una opción. No se puede ser ella por el simple deseo de ser diferente. Te tiene que poner el lado oscuro para dar un paso como este. Aquí hay mucho de valentía y bien poco de irresponsabilidad.

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